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Los medios, los políticos, desde Europa, todos, repiten, con bombo y platillo, que ya encara el final del túnel, que Portugal vive una salida limpia porque llega el fin del rescate, pero lo cierto es que al país vecino aún le toca sufrir
10 de mayo de 2014

Los medios, los políticos, desde Europa, todos, repiten, con bombo y platillo, que ya encara el final del túnel, que Portugal vive una salida limpia porque llega el fin del rescate, pero lo cierto es que al país vecino aún le toca sufrir. Y mucho. En los últimos meses se han anunciado más subidas futuras, como la del IVA, hasta el 23,25%, y al impuesto fijo de los trabajadores a la Seguridad Social, hasta el 11,2%, o medidas de ajuste por valor de 1.400 millones de euros porque, en realidad, la Troika (esa ya popular unión de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) no se va, vigila algo más alejada. Sólo eso. Y los ciudadanos no están dispuestos a quedarse en el sofá mientras les arrebatan sus derechos y su futuro, porque el vecino luso ha apostado por entablar su particular conversación con Europa y con su Gobierno saliendo a la calle.

Y salen para gritar en contra de todas las escandalosas medidas de ajustes que llegaron con el rescate de Europa (un préstamo de unos 78.000 millones de euros aprobados en 2011 porque Portugal no podía “asumir su deuda”) que han asfixiado, como ocurre en España, al ciudadano medio y han repartido miseria entre los no tan afortunados. Pero los herederos de la Revolución de los Claveles siguen protestando, y parecen cada vez más unidos, sabedores de que es una de las pocas armas que aún les pertenecen: ya han protagonizado cuatro huelgas generales y varias sectoriales desde 2011.

40 años del Salario Mínimo Nacional

Para el futuro más inmediato, el sindicato mayoritario CGTD ha convocado nuevas paralizaciones y manifestaciones en la semana del 26 al 31 de este mes, con un nuevo mensaje de trasfondo: el día 27 de mayo de 1974 (el año de la Revolución de los Claveles), porque fue entonces cuando se instauró el Salario Mínimo Nacional en Portugal. Todo un símbolo al que esperan homenajear, nuevamente, en la calle.

Además, en junio, habrá más manifestaciones tanto en la capital (el día 21) como en Oporto (el 14). Las causas de estos movimientos, como los de cada protesta, brotan de una herida diferente infringida en lo laboral, pero todas tienen el mismo cuerpo y la misma enfermedad: la política de recortes, consecuencia del rescate, ese que dicen que ya se ha acabado.

sindicato

Foto cedida por la Confederação Geral dos Trabalhadores Portugueses

Anterior al rescate, la primera de las huelgas generales, en noviembre de 2010 supondría la quinta en esta ecuación. Ese paro precedió a la propia Troika: fue contra el Gobierno del socialista José Sócrates, entonces Primer Ministro, quien a pesar de resistirse al rescate en términos europeos, impuso una política de ajustes en una economía ya moribunda que, por entonces, parecía insoportable. Y sólo era el principio.

Las otras cuatro huelgas generales (24 de noviembre de 2011, el 22 marzo y el 14 junio de 2012 y e 27 de junio de 2013) y las varias sectoriales de funcionarios y transporte principalmente, las ha soportado el Gobierno del conservador Pedro Passos Coelho, responsable de gestionar el proceso junto a la Troika y profundamente convencido de que lo mejor para el país era “pagar”.

Durante estos años, el seguimiento de las manifestaciones ha sido irregular, pero quizás la última de ellas, en junio del año pasado, fue la más excepcional: por el gran respaldo, por estar convocada por los dos sindicatos principales (CGTP y UGT) y porque volvía a arder con la esperanza del “se puede”, quizás empapada por el reciente (pequeño pero gran) triunfo de los profesores de instituto que, tras protagonizar un paro durante los exámenes de Selectividad y poner en riesgo el futuro de 70.000 estudiantes, consiguieron que el Gobierno aceptara retrasar la entrada en vigor de una ley que “posibilitaba el despido de funcionarios”.

De momento, no parece que el 2014 vaya a vivir un huelga general, aunque comenzó con paros: de trabajadores de aeropuertos, del transporte público y de basuras, y ha seguido de forma intermitente, como la más reciente, el pasado día 8 de mayo: un paro del personal ferroviario que detuvo parte de los transportes en Lisboa y diferentes puntos del país.

La ciudadanía de Portugal no parece dispuesta a callarse, aunque ni el Gobierno ni Europa parezcan escucharla, y todo apunta a que la política de austeridad continuará y la Troika, a pesar del fin del rescate del 17 de mayo, seguirá ahí, vigilando, mientras que el portugués se mantendrá ahí, en la calle, protestando.


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