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Cada 25 de abril Deolinda Ramos, que tiene un puesto de flores en la céntrica rua Augusta de Lisboa, vuelve a sacar la fotografía en la que aparece repartiendo claveles a aquellos jóvenes militares
Lisboa
26 de abril de 2014

 

deolidaramos

Deolinda Ramos muestra su foto. :: Manuel Bejarano

 

-¿Conoce a la chica de la foto?

– Soy yo, ¡hace 40 años!

La instantánea, en blanco y negro y protegida por un plástico, cuelga de una cesta de su puesto de flores de la céntrica rua Augusta de Lisboa. En la misma aparece una mujer repartiendo claveles a los militares que iban llegando al Rossio. La protagonista de la imagen es Deolinda Ramos, que ya ha cumplido 77 primaveras y que se gana la vida como puede con su quiosco del centro. Le acompaña en el negocio su hija Fernanda Oliveira, que apenas tenía seis años cuando el Ejército tomó las calles de su ciudad. “Recuerdo sobre todo el sonido que hacían los caballos cuando bajaron por el Carmo (donde se ubicaba el cuartel en el que se refugió Marcelo Caetano)”, cuenta Fernanda. Su madre resume así aquella jornada histórica: “Antes no podías hablar de política porque te llevaban preso. Hubo muchos presos en este país”.

Cada 25 de abril Deolinda vuelve a sacar su fotografía y la coloca junto a las flores. No sabe quién la hizo, pero sí recuerda que se la llevaron a su puesto días después de la revolución. Desde entonces la guarda como oro en paño por el orgullo que le supone. Fue una de esas mujeres anónimas que consiguieron que las imágenes de los claveles adornando los fusiles de los jóvenes militares dieran la vuelta al mundo e hicieran historia. Pero además, conserva la foto porque sabe que es un reclamo que funciona muy bien el día de la celebración, sobre todo cuando cuenta que la chica que sale es ella.

Esta vez, Deolinda y Fernanda consiguieron vender todo los claveles que llevaban, alrededor de 200, a euro cada unidad. En su economía familiar supone una buena jornada. “Aquí antes se trabajaba mucho, pero había pocas cosas para comprar, ahora hay muchas, pero no se pueden pagar porque no hay trabajo”, expresa Fernanda.

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Fernanda y Deolinda en su puesto de la rua Augusta de Lisboa. :: M.B.

Cansada del intenso día y sin perder ni un momento su semblante serio, Deolinda se lamenta de la situación económica del país. Su hija apunta que ahora hay mucho negocio con el turismo ruso, japonés e inglés, “que son los que tienen dinero”.

Ambas mujeres recuerdan con emoción qué significó aquella revolución, “fueron momentos de libertad”, asegura la madre. Pero a las dos se les cambia el gesto cuando hablan del presente, de las dificultades para sobrevivir a los recortes y de la incertidumbre de qué pasará con su país.



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