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Nos intentábamos quedar dormidos en el sofá, las noticias son duras, pero a fuerza de acostumbrarnos, ya no impiden que el sopor de después de comer nos aceche. Pero en mi cabeza resonaban algunas historias con un nexo en común con las anteriores que no me dejaban descansar

De pronto, abrimos los ojos, y allí no estaba dios. En las noticias, antes de quedarnos dormidos, habían hablado del terror del Estado Islámico, de cómo cortan cuellos en nombre de Alá; de un obispo equiparando a mujeres en lucha contra la pretendida reforma de la ley del aborto con el holocausto nazi; del asesinato a tiros a manos de sus hermanos de una mujer por “dañar el honor de la familia” según una práctica aún vigente en el sistema de castas hindú; de los planes de Israel para defender su proyecto de estado judío, a costa de estrangular la vida de quienes ya vivían allí antes de que ellos llegaran.

La creación de Adán :: Dominio público

La creación de Adán :: Dominio público

Nos intentábamos quedar dormidos en el sofá, las noticias son duras, pero a fuerza de acostumbrarnos, ya no impiden que el sopor de después de comer nos aceche. Pero en mi cabeza resonaban algunas historias con un nexo en común con las anteriores que no me dejaban descansar. La religión como excusa, como vehículo, como arma arrojadiza, como elemento de confrontación. La religión como esquema de dominación cultural y social. En definitiva, la religión como instrumento de poder, y la religión como bálsamo para apaciguar la lucha de las personas por una vida mejor: ‘no luchéis, no merece la pena, y por si no lo sabéis, además es inmoral, está escrito, la recompensa es un dios que nos dará lo que nos merecemos, pero no ahora sino cuando ya no estemos aquí’, mientras, unos pocos, los que usan la religión como instrumento de poder, toman en este mundo todo lo que creen merecerse, lo suyo y lo de los demás. Y así va escribiéndose la historia.

Comprenderás que con estas ideas rondando en mi cabeza, mi intento de siesta se convirtiera en un devaneo de pesadilla. Repasé algunos tristes capítulos que tenían que ver con lo mismo: la iglesia en España tratando de hacer de su credo un programa político impuesto a todos los españoles (hablo del aborto, por ejemplo), por no mencionar la insistencia en mantener las clases de religión en las escuelas o el terror social que imponían con su escala de valores morales entre toda la sociedad no hace muchas décadas. Pensé en la sumisión que el islam impone a la mujer, a la que otorga un papel de pura obediencia, y de nuevo, impone sus tabús al conjunto de las sociedades en la que este credo es mayoritario. Me acordé de la existencia de un colectivo no pequeño de judíos en Israel, los ultraortodoxos haredíes, que han decidido vivir al margen de las normas de convivencia del país y muchos ni reconocen la legitimidad del Estado, su única patria es su concepción rigorista de la religión, aunque viven de las subvenciones de todos los contribuyentes. Tienen tantos hijos que su peso demográfico a medio plazo puede poner en jaque la supervivencia misma de Israel si no se integran.

Y fui más allá. Mi tarde de sopor me llevó a territorios manchados de sangre, otra vez la religión como instrumento de poder e identidad de masas. Hubo cristianos matándose en Irlanda del Norte, luchando por la hegemonía los católicos y los protestantes; hubo una ruptura brutal de la convivencia en los Balcanes, con católicos, ortodoxos y musulmanes marcando sus territorios a sangre y fuego; hubo y hay una guerra eterna dentro del islam entre dos concepciones diferentes del legado de su profeta, suníes y chiíes, incapaces de asentar su convivencia, mientras sus líderes aprovechan el sectarismo para ganar influencia en una región donde vivir en paz parece una quimera inalcanzable; incluso tú, que dormías plácidamente a mi lado en el sofá, me contaste un día que en Myanmar, la antigua Birmania, los budistas, con el apoyo de su gobierno, hostigan y matan a musulmanes.

Y así fuimos espabilándonos del sopor de la tarde. De pronto, al abrir los ojos, vimos que dios no estaba allí, en nuestro salón. Entonces, pensé en una idea: ¿y si abolimos a dios? Me explico: desterrarle de la vida pública, que dios en sus múltiples interpretaciones deje de influir en la vida de las personas como sociedad, que salga de las escuelas, de las leyes, de las miradas inquisitoriales, de las calles en definitiva.

La idea es pueril e ingeniua, en el mejor de los casos, utópica, pero sería una buena base para empezar a construir un mundo mejor

La idea, ya sé, es pueril e ingenua, en el mejor de los casos, utópica, sí, pero un par de artículos publicados estos días en dos de los medios más leídos de nuestro país me han animado a pensar que esta abolición sería una buena base para empezar a construir un mundo mejor, de ciudadanos más preocupados por lo tangible y el bien al prójimo que por fantasías y rituales supersticiosos, de niños y niñas educados en valores cívicos, futuros espíritus críticos. Fue una entrevista en El Mundo al científico Stephen Hawking, en la que declara que “no hay ningún dios; soy ateo”, y otra en El País al biólogo Richard Dawkins, que llevaba por título: “No eduquen a los niños en dioses ni hadas

Son aproximaciones más científicas que sociológicas las que mentes tan brillantes como estas hacen del fenómeno religioso, pero son una semilla apropiada para avanzar hacia una nueva sociedad, más libre, sin complejos, sin culpas, sin creencias fantasiosas. En fin, creo yo que es la gran revolución pendiente: sacar a dios de la vida pública. No estoy diciendo prohibirlo, que cada uno en sus casas, en sus iglesias, crea lo que quiera, como hay legiones de seguidores de equipos de fútbol, de festivales de música, de ferias de arte moderno y de teléfonos de la manzana, por poner varios ejemplos de fanatismo, pero sin imponer nada a nadie, respetando, en convivencia con las creencias y valores individuales de cada uno, siempre bajo el amparo de leyes justas creadas por la razón. Ya sabes que en nuestro salón dios no está, pero no pretendo impedir que esté, con la forma que cada uno quiera, en el salón de los demás.

Lamentablemente, esta idea peregrina mía de acabar con dios en la vida pública sé que no terminará con las guerras y las masacres, pues por mucho que en estos tiempos y en los pretéritos se han enmascarado las luchas de poder con enfrentamientos de religión, el sustrato queda ahí, el impulso de dominación. Al menos, sin la excusa de la religión, a los poderosos les costaría más encontrar el lubricante del odio, y a lo mejor, los hombres y mujeres, antes espoleados en la defensa de sus preceptos, serían capaces de ver que en los otros hay muchas más cosas que compartimos que las que nos hacen diferentes.

26 de septiembre de 2014

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Comentarios:
  • Amapola comentó el 15 de abril de 2015 a las 21:21

Y el matrimonio, que junto a la pornografía, son los mayores negocios. Estamos comerciando con la esencia humana.

  • Amapola comentó el 18 de abril de 2015 a las 12:21

Qué mal o nada me expliqué… (Quería trasladar resumen de algo que escribí)Si quieren podrían borrar mis comentarios.

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Sobre mi blog:

Una mirada crítica a la realidad que me rodea. Creo que la objetividad no existe, ni tampoco las verdades absolutas, pero sí el respeto a los hechos y a la argumentación con fundamentos. No quiero convencerte de nada, solo transmitir, como una corriente alterna de ideas, mi punto de vista sobre las cosas que a todos nos preocupan.

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