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Las letras carnavaleras lanzan siempre una crítica que evidencia el espíritu reivindicativo de los habitantes de una provincia con un inaguantable índice de paro. Pero, ¿la protesta gaditana empieza y acaba en febrero?
Cádiz
21 de febrero de 2015

La crítica como esencia. Acompañada del doble sentido, el ingenio y, por supuesto, grandes dosis de humor salpicadas de mucha picardía. Son los ingredientes básicos de una fiesta que lleva por bandera la libertad de expresión, la voz del pueblo, y que sirve de exoneración para quien la vive. Una fiesta que aquí dura, oficialmente, diez días. Porque mientras que la mayoría de las ciudades españolas ya enterraron a la Sardina y se preparan para la Semana Santa, Cádiz sigue de Carnaval.

Mañana, ‘Domingo de Piñata’, se cierra el chiringuito, pero todavía queda una última oportunidad para los que no se cansan: el fin de semana que viene, el de los ‘jartibles’, las chirigotas ‘ilegales’ (esas que no van al concurso del Falla y sólo cantan en la calle) vuelven a tomar la vía pública para interpretar sus letrillas gamberras.

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El Carnaval gaditano llena las calles de humor y picardía. / M.B.B.

Coplas verdes y canallas suenan por los rincones del casco antiguo. La ciudad se convierte en un gran teatro al aire libre al compás de tangos, pasodobles y cuplés. Cádiz se envuelve de magia, locura, carcajadas, papelillos, serpentinas, disfraces con mucha chispa, el compás del tres por cuatro y los estribillos pegadizos. Es inevitable que la fiesta te atrape, te pellizque el estómago y te dibuje una sonrisa permanente. Quien prueba repite.

Y la crítica, la denuncia social, siempre en la base. Una crítica que recibe la complicidad y el aplauso del público. Una crítica revestida de humor e ingenio con la que el pueblo se siente identificado. Una crítica que evidencia el espíritu reivindicativo de los habitantes de una provincia con un inaguantable índice de paro. Pero entonces aparece la duda, ¿la protesta gaditana empieza y acaba en febrero?

El propio Carnaval pone el foco en esta cuestión: “¿Aquí no seréis de izquierdas y votaréis después al PP?”, bromea, por ejemplo, uno de los romanceros femeninos de este año (modalidad de agrupación en que una o dos personas cuentan historias en verso por la calle, son herederos directos de los cantares de ciego de la Edad Media). La pregunta al aire arranca risas al respetable, que asiente convencido de que hay mucha verdad en esa declaración. Lo cierto es que a quienes vienen de fuera y prestan atención a esas letras de denuncia que cargan contra la gestión del Ayuntamiento y la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez (PP), les cuesta creer que ésta lleve 20 años en el poder, haya logrado cinco mayorías absolutas y opte por sexta vez consecutiva al mismo puesto.

Sin duda, ‘La Teo’, como la llaman aquí (fue muy sonado aquello de: ‘Teo, Teo, Teo, que hasta el nombre lo tienes feo’), es de las que más coplas recibe en Carnaval. De hecho, uno de los gritos de guerra de esta edición ha sido el final del estribillo de la chirigota ‘Los superpop’ (primer premio): “¡Teófila, eres la bruja avería!”.

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En las letras carnavaleras aparecen igualmente personajes como Monedero, el pequeño Nicolás, Susana Díaz, La Pantoja, Belén Esteban o los hijos secretos de Juan Carlos I. Y se hacen bromas, por ejemplo, sobre Mahoma. Pero las coplas también se ponen serias para hablar de la miseria de la ciudad, de que la provincia gaditana registra el nivel de paro más alto de toda Europa y que la ciudad no deja de perder población. La crítica, la denuncia social, siempre en la base.

“Pero no se puede decir que esta fiesta tenga una ideología, no se puede reducir sólo a eso, porque cada uno es de su madre y de su padre”, asegura Miguel Villanueva Iradi, presidente de la Asociación de Autores del Carnaval. No obstante, matiza: “El Carnaval tiene una conciencia de clase, igual que el flamenco o el jazz. Los tres estilos tienen el mismo origen, es la voz del pueblo, de ahí el carácter de denuncia social”.

Y añade: “El Carnaval es hijo de su tiempo, y ahora toca ser reivindicativo”.

No obstante, hay otras voces en Cádiz con otra opinión. Por ejemplo, José Luis Porquicho, que lleva años saliendo a la calle con su chirigota ‘ilegal’ y conoce a la perfección los entresijos de la fiesta gaditana. Esta edición su grupo se llama ‘Volemos, los que te dan un buen viaje’. “Claro que el Carnaval tiene ideología, el Carnaval siempre ha sido progresista y además refleja lo que está pasando. Este año por ejemplo se respira mucho el fenómeno Podemos y no porque la gente sea partidaria de ellos directamente, sino por el hartazgo con los demás, y eso se nota en las letras”, asegura. Porquicho tiene claro que la denuncia carnavalera es mucho más trascendental de lo que parece: “Aquí siempre se ha dicho que al antiguo alcalde (Carlos Díaz, del PSOE), se lo cargó el Carnaval. Se le empezó a dar mucha caña en el 92 y perdió las siguientes elecciones, que fueron en el 95, y entró Teófila. Ahora se habla de que existe una situación similar a la de entonces, porque Teófila está siendo muy nombrada. De hecho, autores como Julio Pardo y Antonio Rivas que nunca la criticaban este año le han dedicado un tango”.

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Romancero ‘Al pan pan y al vino de cabeza’. / M.B.

Desde el Consistorio gaditano se aprovecha la fiesta carnavalera para ‘vender’ los grandes logros de la ciudad a través, principalmente, de la televisión local. Por ejemplo, entre actuación y actuación retransmitida se cuelan continuamente anuncios del famoso Puente de la Pepa: una gran obra de ingeniería con un presupuesto de 506 millones de euros cuyo fin será aliviar los atascos a la salida y entrada de Cádiz. Visualmente, impresiona. El puente lleva años de retraso pero, en principio, su inauguración está prevista para este 2015.

De este modo, a Teófila Martínez parece no importarle que las agrupaciones le dediquen coplas, todo lo contrario. Al fin y al cabo, son sólo diez días de fiesta donde lo que prima es las ganas de pasarlo bien. La crítica disfrazada de humor siempre deja buen sabor de boca.

Pero tampoco es que la alcaldesa de Cádiz sea la gran defensora de libertad de expresión. Que una cosa es el Carnaval y otra el resto del año. Quedó retratada con aquella declaración de: “Tanto Twitter y tanta opinión. Hay gente que ha venido al Ayuntamiento a pedir ayuda social para comer y resulta que tiene una cuenta en Twitter, y que yo sepa, eso cuesta dinero”. Sus palabras retumbaron en las redes sociales.

La censura

No siempre el Carnaval fue sinónimo de libertad de expresión. Hubo una época en que la norma era no hacer ni una broma. Lo recuerdan los parroquianos que aprovechan el mediodía para jugar al dominó en la peña ‘El Molondro’ de la calle La Palma, en pleno barrio de la Viña, uno de los rincones emblemáticos de la capital gaditana y cuna del Carnaval. “Aquí hubo un cuarteto que se llamaba ‘Los amigos del Lute’ y la censura le prohibió cantar en el teatro por el nombre, porque representaban a los colegas de un ladrón. Bueno, un ladrón, él lo que robaba eran gallinas y no otra cosa, no como los políticos de ahora, que se llevan los millones para Suiza y luego están 40 días en la cárcel”, cuenta Enrique alias ‘El Cubata’, que tiene su nombre y apodo tatuados en el brazo. “Pues yo prefería a Franco. Por lo menos antes nada más que robaba él, ahora lo hacen muchos más”, salta Antonio ‘El Moro’, al que llaman así porque nació en Larache (Marruecos) y llegó a Cádiz con 23 años. Ahora tiene 76.

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Enrique ‘El Cubata’, Antonio ‘El Moro’ y ‘Bartoli de Cádiz’. / Manuel Bejarano

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A Enrique le llaman ‘El Cubata’ porque salió en la chirigota ‘Los Cubatas’. Lo lleva tatuado. / M.B.

A la charleta se une ‘Bartoli de Cádiz’ -así quiere que lo llamen-, que se ha llevado toda la vida cantando en agrupaciones carnavaleras y siempre habla con añoranza del pasado. “Yo empecé en el 68, con 18 años, la censura no era ya muy fuerte, pero uno no se podía meter con Franco ni nada de eso. Aunque al que fue alcalde de Cádiz en esa época, Jerónimo Almagro, se le decían algunas cosas, como que pelaba muy bien los langostinos y era manco. Pero te vigilaban las letras y no se podían usar palabras malsonantes, no como ahora”, cuenta Bartoli. “Ya a partir del 75 –continúa- las cosas cambiaron. Y algunos como Antonio Martínez Ares (o Pedro Romero, entre otros) empezaron a dar caña y a meterse con los políticos”.

Cuando se le pregunta si el Carnaval tiene ideología, ‘Bartoli de Cádiz’ dice: “Esta fiesta es para meternos con las personalidades políticas que están en la palestra, como Teófila o quien sea. Es una crítica, sí, pero una crítica que no es destructiva”.

-¿Entonces Cádiz está contenta con su alcaldesa?

-Yo creo que sí. La Viña entera la vota. Yo voto al PP, lo digo claro.

Enrique ‘El Cubata’ interviene de nuevo: “Aquí lo que pasa es que hay muchas personas mayores a las que el Ayuntamiento las invita a merendar y así se ganan los votos”, afirma. Y continúa: “Yo siempre he sido más de izquierdas, más del PSOE y de IU, ahora no sé, habrá que ver qué hace Podemos, porque hasta que no cambie el gobierno no sabemos qué pasará. Lo que pasa es que, hombre, yo tampoco veo a un presidente del Gobierno con coleta, la verdad”, asegura convencido este ex trabajador de Delphi que ya está jubilado por incapacidad.

El Carnaval como reflejo de la sociedad gaditana. El Carnaval, también, como una manera de hacer política. Y el Carnaval como una vía de escape para reír sin parar y olvidarse de las penas. Una fiesta que, de una u otra manera, siempre levanta pasiones, traspasa fronteras y se hace universal. Un pueblo que, sobre todo, sabe usar el humor como arma de lucha y supervivencia. Aunque sólo sea durante diez días.

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Comparsa ‘Los borregos’ actuando en la calle. / M.B.


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