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Un joven historiador irlandés trata de localizar un galeón de la maltrecha flota de Felipe II, hundida hace más de cuatro siglos, en un intento de mejorar sus opciones laborales
Dublín
2 de noviembre de 2014

John Treacy tiene 32 años. Está casado, es padre de dos hijos y busca trabajo, como millones de jóvenes europeos. Él también estudió en la universidad, es historiador, y está a punto de finalizar su tesis sobre la Marina Irlandesa en el siglo XIX. Y como otros muchos de su generación ha tenido un empleo para el que le sobraban los títulos académicos. Pero su forma de lograr una nueva ocupación es sin duda original: desde hace dos años rastrea el fondo de una parte de la costa oeste de Irlanda para intentar localizar uno de los barcos de la Armada Invencible de Felipe II: el San Marcos, hundido en la zona hace 426 años. Está convencido que de conseguirlo, alguien le dará un trabajo.

Hay quien puede pensar que es una recompensa muy pequeña para tantos esfuerzos y sacrificios, tantas horas robadas a su familia y amigos en la búsqueda de un galeón desaparecido en una noche de tormenta. Pero él tiene claro que encontrar este ‘tesoro’ puede ser la respuesta a su mayor anhelo: dejar atrás la lista del paro. “No quiero dinero. Sólo quiero ser la persona que consiguió poner en pie el proyecto, coordinar el equipo humano que desinteresadamente trabajaba en él y ser el que lo encontró. Porque quizás, sabiendo que he logrado hacer eso, alguien me dé una oportunidad”, asegura esperanzado.

lancha

John Treacy en la lancha que fue donada por un matrimonio anónimo americano afincado en Irlanda. :: Patrick Kirby

Sin embargo, basta oírle hablar del Proyecto San Marcos para entender que tiene otras muchas razones para embarcarse en esta aventura. Él mismo reconoce que hay más factores personales y profesionales que le han llevado a tratar de hallar la nave, que partió junto a otras 129 de La Coruña, el 21 de julio de 1588, como parte de la Armada Invencible, la flota que Felipe II envió a reunirse con el ejército de Parma, en el Canal de la Mancha, con el objetivo de atacar Inglaterra.

Treacy conoce de sobra esta historia oficial, pero además, creció en el condado de Clare, rodeado de leyendas y mitos sobre la Felicísima Armada. Cuenta que cuando tenía seis años pasaba todos los veranos en casa de su abuela y recorrían toda la zona en busca de bígaros; para eso tenían que atravesar un terreno que se conoce como ‘Tuama na Spáinneach’ que traducido del gaélico significa ‘La tumba de los españoles’.

Los más mayores de esta zona aseguran que es allí donde están enterrados los cientos de españoles que perecieron en el naufragio, que tuvo lugar el 20 de septiembre. “Ella nunca me dejaba pisar ese terreno, supongo que por respeto a los muertos y por superstición, así que dábamos un pequeño rodeo en nuestra ruta”, rememora el joven historiador. Creciendo en este entorno es fácil entender por qué Treacy intenta juntar las piezas de este puzle.

La decisión de intentar sacar a flote la leyenda, el navío del que había oído hablar desde su niñez, la tomó hace dos años, cuando daba un paseo con su padre por el ‘Spanish Point’, una pequeña población que no llega a los 100 habitantes, cuyo nombre rememora la Armada y su tragedia.

Traecy

John Treacy muestra cómo evolucionan sus investigaciones. :: P.Kirby

“He trabajado en la marina durante un tiempo y ese bagaje, supongo, hizo que empezara a elaborar mi propia tesis sobre lo que podía haber pasado. Comencé a investigar y mientras más indagaba más interesante me parecía y más me daba la impresión de que podría encontrarlo”, recuerda.

John empezó entonces a reunir todo lo necesario para iniciar el proceso. Consiguió los permisos para la búsqueda y se puso en contacto con Infomar, un organismo dependiente del Gobierno irlandés que se encarga, entre otras cosas, de mapear todo el litoral de la isla. “Había un par de personas que trabajan allí que son de nuestra zona y cuando les conté toda la historia enseguida se mostraron entusiasmados”. Gracias a ellos, obtuvo la tecnología necesaria para agilizarlo todo.

“Rastrear una zona tan amplia es muy complicado. De hecho, a principios de los años 90 un grupo de buzos estuvo buscando el barco, pero les fue imposible encontrarlo. Nosotros ahora disponemos de un detector de metales que registra no sólo este material, sino también cualquier cosa que produzca un cambio en el campo electromagnético debajo del agua. Ya tenemos mapeado más de un 75% de la zona del área marina donde creemos que puede reposar el pecio y disponemos de la tecnología para realizar mapas en 3D vía satélite”, señala John.

Pero además, Treacy cuenta con la colaboración de un amplio equipo humano también volcado en el proyecto. Entre ellos, cincuenta buzos voluntarios de diferentes condados de esa parte de lrlanda, los cuales se sumergen en las aguas del Atlántico tres veces por semana a la búsqueda del navío, siempre que el inclemente tiempo lo permite. Involucrarlos en el proyecto, ha sido, según John, una de las partes más complicadas. “Los buzos son un colectivo un tanto extraño aquí en mi país. Se sienten cómodos con sus rutinas, les gusta hacer siempre lo mismo, y además están obsesionados con la muerte. De hecho, conseguir la licencia fue difícil, pero convencerlos a ellos y enseñarles lo que tienen que hacer, fue todavía más complicado”, bromea, aunque insiste en que les está eternamente agradecido.

La primera pieza del ‘Titanic’

El pasado verano el proyecto dio un importante salto adelante, el primer gran hallazgo en todo este tiempo, la clave para saber que están en el buen camino: el ancla del San Marcos. “Encontrarla significa que estamos en la pista. Es como dar con la primera pieza del Titanic. No hemos hallado el barco, pero sí un artefacto, parte de él. Porque está claro que esta pieza sólo podría haber pertenecido a un tipo muy particular de navío. De manera que no es algo definitivo, pero nos puede guiar a algo mucho más grande”, sostiene convencido.

Encontrar el ancla significa que estamos en la pista”

Durante todo este tiempo, John y su equipo han intentado reconstruir las últimas horas del barco antes de hundirse en las aguas del Atlántico. “Creemos que se aproximó a la costa entre las dos y las tres de la tarde, en el momento en que la marea estaba alta, y que chocó contra las rocas, posiblemente contra la que se conoce en gaélico como Mal Rock, un bajío traicionero que apenas asoma su afilada cresta en la superficie. Ahí fue donde perdieron el ancla y a partir de entonces se inició su hundimiento camino del sur. Teniendo en cuenta las circunstancias climáticas y las características de la zona, podemos intentar rastrear las rutas que parecen más razonables”, expone Treacy. Y argumenta que sus años en alta mar como marinero le ayudan a entender lo que pudo suceder.

John vive ahora en el pequeño pueblo de Quilty, muy cercano al ‘Spanish Point’. Su casa está invadida por documentos y material que ha ido recopilando durante su investigación todo este tiempo, y comparten espacio con los juguetes de sus hijos, Róisín, de tres años y Sean, de 17 meses.

Ellos y su mujer son el gran apoyo de John, que ha luchado mucho por conseguir su sueño, aunque reconoce que ha habido momentos especialmente complicados, sobre todo económicamente hablando. “En su momento pedimos al Gobierno una ayuda de unos 7.000 euros. Ten en cuenta que cada día que utilizamos la lancha para desplazar a los buzos gastamos una media de unos 40 o 50 euros en gasolina, por no hablar de otras cosas como bebida y comida para cuando terminan de bucear. Sólo para esos gastos necesitábamos disponer de un presupuesto, pero de momento, sólo hemos recibido 1.000 euros”, apunta John.

Subraya, sin embargo, que como contrapunto cuentan con la colaboración de gente que les ofrece su ayuda de forma desinteresada. “Nos hacía falta una lancha nueva y un matrimonio americano afincado aquí nos la ha comprado. Se han gastado 8.000 euros así, como si nada, y ni siquiera quieren que se den a conocer sus nombres. Cuando ves cosas así, te animas a seguir”, dice entusiasmado.

Un barco excepcional

Todo, según él, merece la pena porque encontrar el barco supondría un paso importantísimo, a nivel nacional e internacional. “Arqueológicamente hablando tendría una transcendencia de proporciones internacionales, ya que aunque era Felipe II el que mandaba en este asunto, el galeón era también portugués, y hasta ahora sólo se ha encontrado un único barco luso de estas características y del siglo XVI. Pero además, el San Marcos fue el primer barco que se construyó específicamente para la batalla contra Inglaterra. Sólo se conoce otro similar que fue encontrado en las Islas Filipinas, de manera que hallarlo ahora tendría un valor arqueológico incalculable”.

El San Marcos fue el primer barco que se construyó específicamente para la batalla contra Inglaterra»

Además, el San Marcos, con una capacidad de 790 toneladas y dotado de 33 cañones de bronce, era, tecnológicamente hablando, el barco mejor preparado de la Invencible que no regresó a casa, porque el San Martín y el San Lorenzo, parecidos, sí lo hicieron, según apunta John.

Durante la pasada primavera y verano, mientras las condiciones meteorológicas lo permitieron, han estando buceando y rastreando hasta treinta ‘zonas-objetivo’ consideradas de interés, situadas en el área en el que según sus estimaciones se encuentra sumergido el galeón, y han descartado algunas de ellas. Otras, según Treacy, parecen haber arrojado frutos más prometedores, aunque puntualiza que todavía es pronto para dar a conocer sus hallazgos.

costa oeste

La costa oeste irlandesa. :: P.Kirby

Ahora mismo han dejado de sumergirse debido a las inclemencias del tiempo y no está previsto que vuelvan a hacerlo hasta finales del próximo mes de febrero. En diciembre, hay programada una reunión a la que está previsto que asistan miembros del Underwater Archaeology Unit (Unidad de Arqueología bajo el Agua) y del Infomar para valorar los avances conseguidos hasta ahora y plantear los objetivos para la próxima temporada.

Hasta entonces, John se queda con la sensación del trabajo bien hecho. “Nunca hicimos esto por el reconocimiento o la fama. Lo hicimos porque era un reto, algo difícil de conseguir y por lo que pelear. Y porque de alguna manera nos sentimos conectados al San Marcos por el lugar en el que hemos nacido. Eso nos mantiene en la búsqueda”.

Confiesa, sin embargo, que aunque sueña con el día en que por fin den con el barco para visitar la tumba de sus abuelos y decirles: ¡lo encontré!, la recompensa más grande y esperada es que toda esta aventura sirva para hacer ver su valía y que alguien le ofrezca un trabajo. Un premio que parece pequeño para un hombre que aspira a encontrar un tesoro en el fondo del mar.

 



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