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Tras un año de lucha, un ERE nulo y varias sentencias a su favor, los trabajadores de la planta embotelladora de Coca-Cola comienzan a percibir parte de su sueldo. Han ganado las batallas que hasta ahora se han librado pero falta la definitiva: que se pronuncie el Supremo
Madrid
15 de febrero de 2015

El campamento fortaleza se alza en una de las tres entradas a la embotelladora que Coca-Cola tiene en Fuenlabrada. En la puerta de atrás. “No podía ser en otro sitio”, ese es el lugar por el que cada día, durante diez, veinte y hasta 37 años, llegaban a sus puestos de trabajo los hombres y mujeres que hoy han convertido esa zona de resistencia y vigilia en un hogar. Hay cocina y salón, cuadros, optimismo, sofás, electricidad, calefacción, humor, ordenadores, balones de fútbol y hasta baños. “No siempre ha sido así”, asegura el representante moral de los trabajadores, Juan Carlos Asenjo. “Ha habido momentos duros, pero nuestro objetivo desde el principio ha sido uno: revertir el ERE”. El Expediente de Regulación de Empleo que anunció la empresa Coca Cola Iberian Partners (CCIP) el pasado 21 de enero de 2014 se debía a un proceso de restructuración y afectaría a unas 1.250 personas.

Aunque fueron ejecutados 821 despidos, en junio de 2014 el ERE fue anulado. Para entonces, los trabajadores de la planta de Fuenlabrada, en Madrid, ya se habían organizado en turnos de ocho horas, emulando la configuración de la fábrica. Volvían a sus posiciones cada día, no para producir sino “para defender el puesto de trabajo”. “Aquí no se ficha, pero la gente cumple”, cuenta Marcelo Álvarez, trabajador durante más de trece años y sindicalista. “El trabajo previo del comité, el que se hizo incluso antes de que se anunciara el ERE, fue fundamental”, dice mientras relata las fechas, los avances, los retrocesos del último año, señala la planta y la describe como la más novedosa de todas las de España.

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Entrada a la embotelladora de Coca-Cola de Fuenlabrada. / P.R.R.

Delante de una pequeña tienda de campaña se detiene: “La labor de documentación del principio fue imprescindible”. En las palabras de Álvarez hay orgullo y también algo de hartazgo, como si aquellos largos días del comienzo fueran muy lejanos, una época anterior en la que cualquier opción de avanzar en la lucha pasaba por recopilar papeles de reuniones y encuentros con los jefes. El objetivo era saber si podrían demostrar lo que, con el tiempo, la justicia ha confirmado: “Que no nos informaron como tocaba, que se vulneró el derecho a huelga y que el ERE es nulo”. Arrancaron en esa pequeña tienda que hoy sirve de almacén porque hubo un momento en que el espacio se hizo pequeño y la batalla grande. Y entonces decidieron levantar un muro para evitar el viento y resguardarse. Luego vino la lona que haría las veces de techo, un regalo de algún compañero; y después los palés con los que harían un techo “que ya tiene alguna que otra reforma”. Y la gente fue donando sillones que le sobraban, les llevaban dibujos, mesas e incluso leña. Esa misma que cortan cada mañana, hoy también, y que estos meses de invierno les ha permitido sobrellevar el frío. Aún hace frío, pero en el campamento no se nota.

Sin salarios

Las victorias llegaron poco a poco, a la par que levantaban el fuerte. En noviembre, un auto de la Audiencia Nacional reiteró que los trabajadores debían ser reincorporados en las condiciones anteriores a su despido. Y en enero, la justicia ha fallado a su favor por la recolocación que Coca-Cola hizo de los trabajadores. Pero la empresa no cumple la sentencia en su totalidad y soportan ya más de tres meses sin derecho a paro, a la espera de los salarios de tramitación. Hasta hace unos días, dicen, no han empezado a percibir sus salarios. “Y no en las condiciones que el auto marca, sino que de forma arbitraria, con un 40 ó 60% de los sueldos que teníamos”. Temen que la postura de la empresa sea retrasar la readmisión hasta conocer la decisión del Supremo (que, con suerte, llegará para abril o mayo), al que Coca-Cola recurrió en junio. “Está siendo una lucha larga, pero tenemos fuerzas”, afirma Asenjo, con rotundidad. “No vamos a parar”.

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La leña es fundamental para mantener el calor en el campamento. / P.R.R.

Los espartanos, como se hacen llamar y como un colorido dibujo que preside el campamento recuerda, han emprendido una lucha de David contra Goliat que recuerda más bien al espíritu quijotesco de Cervantes: una gran multinacional, empresa metáfora de la gran globalización, allí al frente, y en un pequeño lugar de España cuyo nombre es más que conocido a estas alturas, un grupo de hombres y mujeres, sindicalistas muchos de ellos, deciden plantarle cara, al molino y al gigante.

Desmantelamiento de la empresa

“Sin ellos, sin los del comité de empresa, no estaríamos aquí”, varios compañeros sentados alrededor de la mesa del campamento asienten al unísono. “Estamos aquí para calentarnos, a nosotros nos toca el turno de la puerta principal”. A estas alturas, todos saben que resistir, existir es el ingrediente secreto, “para que no vengan a desmantelar la fábrica y tengan así una excusa para no cumplir la sentencia”. Ya ocurrió el pasado 15 de enero cuando se vivió un fuerte conflicto tras “descubrir” que un grupo de empleados de la firma trataba de “desmantelar las líneas del proceso productivo” a primera hora de la mañana. “No entendemos cómo en este país se usa a las fuerzas del orden público para proteger a una empresa privada que ha perdido una sentencia”, se lamenta Leandro Pulido, que fue uno de los heridos aquel día. “Los policías cortaron la calle, los accesos, y nos dejaron aislados. Hubo varios heridos. No tiene sentido que no nos defendieran a los trabajadores que estamos aquí por nuestro puesto de trabajo, con un sentencia de nuestro lado”. Él lleva 37 años formando parte de Coca-Cola. “Más otros seis en una contrata”, matiza.

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Marcelo Álvarez, trabajador durante más de trece años y sindicalista. / P.R.R.

Ya huele a comida y entre relato y relato los trabajadores se lanzan chistes, recuerdan anécdotas y hablan de que hay niños que nacieron prácticamente cuando se anunció el ERE. “Sí, han aprendido a andar en el campamento”. Pero cuando se sopesa lo que se ha conseguido hasta ahora, el semblante vuelve a ser serio. “Si hace un año me dicen que hoy estaríamos así, no me lo habría creído”, sentencia Asenjo.


Comentarios:
  • sonia bella santiago comentó el 15 de febrero de 2015 a las 21:30

Sois muy grandes..Yo tenho Familiares entre vosotros..y mi forma d apoyaros es escribiendo en tuiter..Lo hago constantemente pidiendo apoyo y q difundan. Metiendo mucha caña..Sois un ejemplo….un abrazo a todos…Espartanos

  • ARRIBA Y ADELANTE¡¡ comentó el 16 de febrero de 2015 a las 19:28

Si alguien pensó que “la toma de Madrid” iba a ser un paseo: SE EQUIVOCÓ…
Desde la mismísima tarde en que dijeron que cerraban Fuenlabrada sin más razón que sus “bemoles”, la catarsis que quisieron provocar se transformó en el embrión de la LUCHA OBRERA MAS SIGNIFICATIVA DE LOS ULTIMOS AÑOS. Están pagando cara su brabuconada. Se ha conseguido aunar en COCACOLA EN LUCHA

  • Noelia comentó el 19 de febrero de 2015 a las 17:04

!! Que verguenza , lo que más rabia me da es que promueven la felicidad y que están comprometidos con la sociedad cuando es todo lo contrario, valientes hipócritas, no tienen verguenza ninguna. Solo buscan pitsotear a los demás. COCACOLA FUERAA!!

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