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El Gobierno israelí advirtió ayer domingo de “…que no se hace responsable de la seguridad de la prensa internacional que en este momento cubre la ofensiva bélica”. Y con esta nueva jugada Gaza se queda un poco más muda

Desde que el pasado 8 de julio Israel iniciara su ataque aéreo sobre Gaza muchos ciudadanos del mundo hemos intentado ponernos en la piel de los palestinos. ¿Qué sentirá una madre, un padre, un niño, un anciano o un enfermo mientras esperan un nuevo ataque en silencio, sin saber quién será el próximo en caer? Todas esas personas que viven en ese territorio minúsculo que es Gaza… Pero estos días tampoco puedo evitar pensar en lo que sentirán otros pocos. Un grupo más reducido que ha elegido por decisión propia estar en uno de los lugares más peligrosos del mundo ahora mismo: el personal médico, humanitario y la prensa que trabaja para informar sobre el conflicto.
El Gobierno israelí advirtió ayer domingo de “…que no se hace responsable de la seguridad de la prensa internacional que en este momento cubre la ofensiva bélica”. Y con esta nueva jugada Gaza se queda un poco más muda. Porque si ‘la prensa’, esos hombres y mujeres que trabajan en la zona para contarle al mundo lo que allí sucede se vuelven a casa por temor a perder la vida, Israel lo tiene todavía más fácil para seguir matando impunemente. Porque si nadie lo cuenta, no existe.

Habrá quien piense que no es tan importante. Que hay otras prioridades es este momento. Que los equipos humanitarios y médicos, por ejemplo, son más imprescindibles. Yo digo que se equivocan. Más de 500 personas han muerto desde el primer ataque y nadie ha hecho todavía nada por evitarlo. La ONU pide hoy el cese inmediato de las hostilidades en Gaza… ¡Se habrán quedado mucho más tranquilos!
Y yo me pregunto, ¿por qué este mismo organismo amparó la intervención militar en Libia de 2011? La respuesta oficial del momento fue cumplir con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que autoriza la adopción de “todas las medidas necesarias […] para proteger a los civiles y las zonas pobladas por civiles que estén bajo amenaza de ataque”. ¿Por qué se toma la decisión en Libia y ahora con Gaza la ONU se limita a “expresar su seria preocupación”, es que no viven los civiles palestinos amenazados? La respuesta es: petróleo, aunque nadie lo va a reconocer jamás.
Todos esos silencios que ya existen y que muchos consideramos vergonzosos se multiplicarán por mil si los profesionales de la información no pueden hacer su trabajo de forma segura. Si no pueden contar lo que pasa. Si no pueden tomar imágenes y fotos de la vergüenza.
Con el personaje de Andrés Faulques, un fotógrafo de guerra plasmado de forma brillante por otro veterano corresponsal de guerra, Arturo Pérez Reverte, yo aprendí por qué un ser humano es capaz de retratar y mirar el horror a los ojos escondido detrás del objetivo de una cámara, aunque luego la imagen le persiga de por vida y no le deje dormir. No hace falta más que contemplar el trabajo de Gervasio Sánchez para darse cuenta de lo que consiguen esas instantáneas.
Profesionales como José Couso, que perdió la vida en Irak, y los cientos de compañeros que mueren cada año informando no dejan de hacer su labor porque sus vidas corran peligro. Estoy segura de que todos y cada uno de los que ahora mismo cubren un conflicto armado son plenamente conscientes de estar expuestos a cualquier fatalidad. Lo saben y asumen el riesgo. Es el precio que tienen que pagar para que el mundo sepa lo que sucede en ese rincón del mundo en el que se encuentran.
Por eso me parece repugnante la amenaza velada de Israel. Esa advertencia de que ya no se hace responsable de lo que les pase. Como si hasta ahora le hubiera importado mucho. Y que se pueda permitir el lujo de saltarse todas las reglas que quiera mientras aquellos que todos sabemos que dirigen el mundo y que podrían acabar con el ataque en cuestión de horas miran hacia otro lado y hacen como que condenan la violencia.

21 de julio de 2014

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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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