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Hoy se ha dado a conocer el dato de que 70.000 titulados en España ocupan puestos para los que no se necesita ninguna formación. Y los datos de la Encuesta de Población Activa dejan bien claro que en este país nuestro es más fácil encontrar trabajo sin titulación

No hace ni un mes que miles de jóvenes españoles se enfrentaron a la temida ‘Selectividad’, unos estresantes exámenes de cuyos resultados dependía su futuro… Al menos así se escribía la historia antes. Ahora la verdad es otra bien distinta y bastante aterradora. Porque ya no se sabe muy bien si la formación es la clave del empleo o si hay un horizonte laboral para aquellos que decidan cursar estudios superiores, al menos en España.
Hoy se ha dado a conocer el dato de que 70.000 titulados en España ocupan puestos para los que no se necesita ninguna formación. Y los datos de la Encuesta de Población Activa dejan bien claro que en este país nuestro es más fácil encontrar trabajo sin titulación, así lo atestigua el porcentaje de parados: 43,3% de los desempleados han ido a la universidad y sólo el 15,77% de los que no tienen empleo son personas que no acabaron sus estudios primarios.
Pero no se acaba ahí la ‘broma’. Según el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, el nivel de competencias que adquiere un titulado universitario español es similar al de un estudiante japonés de secundaria. No sabemos si con esta apreciación en mente es más fácil entender por qué es tan difícil la búsqueda de empleo para los 220.000 estudiantes que cada año se gradúan en las universidades españolas.
Con semejante cuadro, me preguntaba yo a mí misma cómo animaría a alguien a continuar con su formación. Durante años he tenido la oportunidad de charlar con muchos de los chicos y chicas que se presentaban a las pruebas de acceso a la universidad para escribir después la información en el diario en el que trabajaba y he asistido en primera persona a un proceso de desmoralización difícil de encajar.
La pregunta que muchos de ellos tenían en mente está justificada en una realidad cada día más difícil de digerir y compatibilizar con lo que hasta ahora nos habían vendido nuestros mayores: ¿Si a menos formación, más empleo, para qué pasar cuatro años de mi vida estudiando para acabar teniendo menos opciones que aquellos que directamente buscan un trabajo?
Si a esto le unimos los recortes, los retrasos y el endurecimiento en el acceso al sistema de becas, el encarecimiento de las tasas, Bolonia, la recesión económica que aprieta y ahoga ya cada vez a más familias… Los universitarios están avocados a convertirse en una especie en extinción o en una élite compuesta por los que se pueden permitir económicamente estudiar sabiendo que no van a encontrar empleo y a aquellos que por su extraordinaria capacidad intelectual lo tengan asegurado por méritos propios.
Pues bien, yo me niego. Me niego a aceptar que caminemos hacia ese futuro. Porque la Educación es un derecho y no un privilegio y conlleva un pensamiento crítico necesario e incómodo, supongo, sin el que estaremos todavía más perdidos. Porque no sólo el trabajo dignifica y porque los jóvenes de nuestro país también tienen derecho a soñar con un futuro mejor, aunque cada vez se parezca más a una quimera que a una posibilidad.

8 de julio de 2014

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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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