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Hoy en Irlanda se vota en referéndum el derecho a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo. El resultado puede ser el ejemplo de que los ciudadanos van por delante de los políticos en lo que a reconocimiento de derechos se refiere.

Hay palabras que de tanto usarlas mal se vacían de significado y acabamos por perderles el ‘respeto’. Palabras que en su momento fueron todo un himno con el que llenarse la boca y que de pronto se han quedado tan vacías que ya no suenan a nada. Es lo que ha pasado con el término Igualdad.

Durante años muchos colectivos pelearon por alcanzarla hasta rozarla con la punta de los dedos para darse cuenta en algunos casos que sólo sería real cuando tuvieran que dejar de luchar por ella. Las mujeres, los gays y lesbianas y los inmigrantes conocen bien el fenómeno y saben mejor que nadie  que cuando nuestros políticos se llenan la boca con ella, en realidad, no lo hacen más que de ‘cara a la galería’ porque saben que en muchos casos, esa igualdad que prometen está limitada por las leyes o por los prejuicios y costumbres instalados desde hace años en nuestra sociedad.

Y sin embargo, basta con conocer otras realidades para poner la igualdad y sus significado en perspectiva. Hoy en Irlanda se vota en referéndum el derecho a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo. Será la primera vez que un país aprueba en consulta popular una ley de estas características y la cuestión tiene ‘patas arriba’ a esta pequeña isla de cuatro millones y medio de habitantes.

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‘Vive y deja vivir. Sal y vota Sí’, reza esta pancarta en pleno centro de Dublín.

La república de Irlanda sigue siendo mayoritariamente católica (un 85% de su población lo es) y la homosexualidad ha sido, y todavía es, tema tabú y una ‘falta’ penada con penas de cárcel hasta 1993. De hecho sólo dejó de serlo porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tomó cartas en el asunto.

Para entender la revolución y la evolución que supone lo que los irlandeses están votando hoy hay que recordar que en este país el aborto sigue siendo ilegal. El pasado año sin ir más lejos programaron por mandato de un juez una cesárea de urgencia a una víctima de violación que se había puesto en huelga de hambre ante la imposibilidad de someterse a una interrupción voluntaria del embarazo. Pero además, el divorcio sólo es legal desde hace 20 años y los anticonceptivos lo fueron sólo una década antes, en 1985.

Con este ‘caldo de cultivo’ aprobar en las urnas, con el consiguiente cambio en su Constitución, que dos personas del mismo sexo puedan casarse y tener por tanto los mismos derechos que el resto de los ciudadanos sería un hecho histórico y una verdadera conquista en aras de la Igualdad, con mayúsculas.

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La discriminación daña vidas. Vota Sí a la Igualdad para el matrimonio, es el mensaje de este cartel.

España se convirtió en 2005 en el cuarto país del mundo en reconocer este derecho. El Gobierno de Rodríguez Zapatero sacó adelante la Ley del Matrimonio Homosexual en el Congreso con 187 votos a favor y 147 en contra, la mayoría del Partido Popular.

Lo cierto es que nunca sabremos qué hubiese pasado si hubieran consultado la opinión de los ciudadanos a través de las urnas. Porque el problema en este tipo de votación es la participación. No todo el mundo es igual de activo o de participativo a la hora de mostrar de forma activa sus opiniones.

En Irlanda, por ejemplo, los partidarios del Sí al matrimonio homosexual y los del No están claramente divididos por áreas geográficas, profesiones, edades, barrios y clases sociales. De manera que dependiendo en qué zona de la capital, Dublín, se encuentre uno o en qué ciudad de la isla, los simpatizantes de uno u otro ‘bando’ varían en número y en activismo.

Los argumentos de unos y de otros sí que son bien distintos. Los primeros inciden en la discriminación y apelan a el derecho a la igualdad y los segundos defienden la importancia de la ‘familia tradicional’ y la ‘necesidad’ de los menores de criarse con un padre y una madre.

En una sociedad en la que el número de familias monoparentales aumenta día a día por diferentes motivos y en la que la diversidad es la nota común en la mayoría de las familias del mundo, bajo mi punto de vista, está muy claro cuál de los dos argumentos tiene una base más sensata y real.

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Los niños merecen tener una madre y un padre. Vota No a la Igualdad en el matrimonio. Uno de los mensajes de los partidarios del NO.

En cualquier caso, los irlandeses tienen hoy la oportunidad de llenar de significado la palabra Igualdad en un tema que ha sido una ‘asignatura pendiente’ para ellos durante muchos años. El resultado puede ser el ejemplo de que los ciudadanos van por delante de los políticos en lo que a reconocimiento de derechos se refiere. Ojalá no defrauden.

22 de mayo de 2015
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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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