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Se haga o no 'justicia' en el caso de los 'abusos de Granada', alguien debería estudiar el problema de fondo: las consecuencias físicas y psicológicas que el celibato tiene en los religiosos para determinar si es una práctica saludable y más específicamente si es aconsejable utilizarla como 'imposición' en un contrato laboral, sea de la naturaleza que sea.

El arzobispo de Granada, Javier Martínez, será destituido después de Navidad por la mala gestión de los abusos sexuales  cometidos en su diócesis, según ha explicado el propio Vaticano.  La decisión de ‘apartar’ al polémico monseñor es el último episodio de este proceso, inédito en la historia reciente de nuestro país, en el que al menos una decena de los presbíteros de esta provincia andaluza podrían resultar sancionados. Se haga o no ‘justicia’ y signifique eso lo que signifique, el problema de fondo sigue latente y debería ser analizado para evitar futuros abusos: ¿debería la Iglesia plantearse eliminar el celibato?

La obcecación de tapar y tapar todo tipo de aberraciones de carácter sexual que han salpicado la actualidad de los últimos años en comunidades católicas, no sólo en España, también en Irlanda o en EE UU, deja bien claro que por mucho tiempo no ha habido una intención, por parte del Vaticano, de llegar a la raíz del asunto e investigar cuáles son las causas que llevan a sacerdotes o religiosos de diferentes países y culturas a llevar a cabo estos repugnantes actos que vulneran la integridad física y psíquica de menores inocentes.

Yo no creo que todos sean pederastas. Es verdad que puede que un alto porcentaje de ellos lo sea y encuentre en esta ‘profesión’ una forma de estar cerca de los niños sin levantar sospechas de su comunidad, pero en mi humilde opinión, considero que a otros el hecho de tener que reprimir su sexualidad por ‘mandato divino’ les lleva a cometer atrocidades con aquellos que tienen más cerca.

A mí se me escapa qué le puede pasar a una persona para que pase por alto todo los límites de lo ‘moralmente correcto’, más aún teniendo en cuenta que los sacerdotes o religiosos deben ser ejemplos a seguir para su entorno, y abuse de seres indefensos que les son confiados precisamente por ser ellos supuestamente adultos inofensivos y bondadosos. Pero por otra parte, es indiscutible que somos seres sexuales y poco se habla de los efectos que la privación de esta necesidad fisiológica pueda tener en un ser humano adulto y saludable.

Alguien debería estudiar en profundidad las consecuencias físicas y psicológicas que el celibato tiene en los religiosos para determinar si es una práctica saludable y más específicamente si es aconsejable utilizarla como ‘imposición’ en un contrato laboral, sea de la naturaleza que sea.

Existen otras religiones en las que las labores de los pastores son compatibles con tener una compañera y una familia. Alguien debería explicar a la luz de los últimos sucesos por qué es tan importante para la Iglesia católica que sus ministros no tengan acceso a los placeres de la carne por decreto.

El Papa Francisco, el primero en interesarse por el caso de los ‘abusos de Granada’, al responder personalmente al denunciante, debería, en su línea aperturista, proponer un debate sobre la posibilidad de que los religiosos puedan compaginar su actividad con una vida sexual saludable. Porque apartar a los que ya han cometido el delito, y se tomen las medidas que se tomen contra aquellos que sean probados culpables, no es suficiente.

En España y en otros muchos lugares del mundo hay y seguirá habiendo muchos ‘Javier Martínez’ que miran hacia otro lado. Que callan. Que consienten y permiten. Que tapan atrocidades y que cuando son ‘pillados en falta’ piden un traslado y perdón a regañadientes. No es suficiente. No soluciona nada. Y no es cristiano.

2 de diciembre de 2014

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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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