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Mientras España entera frente al televisor contempla el Mundial, el Ministerio de Educación plantea convertir las becas en préstamos para los universitarios

Mientras España entera frente al televisor contempla el Mundial, el Ministerio de Educación plantea convertir las becas en préstamos para los universitarios. Pero no importa. La principal preocupación del españolito de a pie es qué le ha podido pasar a la boyante selección patria para dejarse golear por Holanda mientras medio mundo miraba con la boca abierta.

Una manita encajaron los héroes nacionales de ‘La Roja’, y sus seguidores llevan días intentando entender qué pudo fallar: el mismo sistema de juego, una alineación muy parecida, un capitán casi siempre infalible… “Al día siguiente -como decía el gran Sabina-, hablaban los papeles, de Gilda y del Atleti de Aviación”.

Resulta cuanto menos sorprendente ver cómo el mismo país que construyó a base de ‘altura de miras’, concesiones y muchos sacrificios el anhelado Estado de Bienestar, asiste impasible a su desmantelamiento, llevado a cabo sin nocturnidad pero con mucha alevosía.

Nuestro sistema sanitario, antes universal y solidario, enflaquece por momentos. Todavía no hay un diagnóstico fiable, pero todos sabemos que ya no es el mismo. Tiene mal color y le faltan esos pequeños detalles de calidad que lo hacían único y lo convertían en la envidia de toda Europa.

La educación va por el mismo camino, pequeños síntomas, todavía nada llamativos, hacen que los pocos que la miran con los ojos del cariño la vean cada día más desmejorada y en según qué niveles, ya anémica sin remedio. Porque si lo que analizamos es el sistema universitario, ahí ya no hay paños calientes que valgan, sino más bien cuidados paliativos para un enfermo ya desahuciado.

Mientras tanto, el número de suicidios desde que comenzó una crisis, cuya sombra cada vez parece más alargada y cuyos brotes verdes ni llegaron ni se les espera, ha aumentado a cifras que deberían dar que pensar a más de uno. Porque entre parados de larga duración (los mayores porque ya nunca encontrarán un trabajo y los jóvenes porque jamás lo tuvieron) los desahuciados, los indignados, los desencantados, los conformistas, los asustados y los que miran hacia adelante sin importarle el de al lado, quedan ya muy pocas personas en este país que sigan teniendo razones para creer en algo más que en las personas que quieren y que los quieren.

Por eso a la gente le importa bien poco según qué cosas. Hay noticias que de pronto irrumpen en la actualidad nacional como la abdicación del único rey que muchos hemos conocido, como un elefante en una cacharrería, pero que de pronto se convierten en flor de un día. En algo anecdótico que valorar cuando pase el mundial. Porque seguramente la entronización de Felipe VI, como las becas convertidas en préstamos que devolver a la banca que siempre gana, o los políticos corruptos, sigan ahí después de este mes en el que todos nos sentimos más españoles que nunca.

Porque nada de eso importa. Curiosamente, mientras dure el Mundial, la España eternamente dividida se reconcilia incluso con sus fantasmas. Los de un lado no dudan en llamarse a sí mismos ‘rojos’ por una buena causa, y los del otro abrazan y hasta cuelgan de sus balcones una bandera de la que muchos años renegaron.

La explicación a este fenómeno de ‘buen rollito y pandereta’ es una fórmula más vieja que la Coca-Cola que los romanos supieron rentabilizar como nadie: en épocas difíciles, al pueblo pan y circo. Muchos siglos después nuestros políticos siguen echando mano de esta máxima. Y aunque ya ni siguiera pueden garantizar la primera parte en una España en la que millones de seres humanos viven en el umbral de la pobreza y ven a sus hijos pasar hambre, siempre les queda el fútbol.

Desde que empezó la recesión en 2008, la Selección ha ganado tres títulos hasta entonces solo soñados: dos Eurocopas y un Campeonato del Mundo. Eso, aunque para muchos parezca mentira, ha hecho más llevadera la situación para unos pocos. En 2010, cuando los ya campeones del mundo aterrizaron en Barajas les recibía una pancarta que rezaba: ‘Bienvenidos a un país más feliz’. Los parados eran ya millones y la crisis estaba en uno de sus puntos álgidos con la prima de riesgo, archiconocida por entonces, por las nubes, pero todo parecía mejor, al parecer.

Ahora este primer tropiezo en esta nueva aventura de los Del Bosque tiene a todo el mundo con el pie cambiado. Porque hay quien puede levantarse todos los días con la que lleva cayendo todo este tiempo sin importarle los decretazos, Felipe VI o los datos del paro si España sigue ganando títulos… Pero si eso cambia, en estos tiempos ya ‘sin pan’, pero sí de mucho circo, a lo mejor a los políticos les toca lidiar con una España mucho menos conformista y aletargada, que ya sin el opio del pueblo vea con claridad lo que ha estado pasando durante todo este tiempo. Y quizás entonces, ya no habrá remedios romanos que valgan.

18 de junio de 2014

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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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