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Tendrán que facilitar información los partidos políticos, las organizaciones empresariales, sindicales, y algunas empresas privadas. Aquellas que reciban más de 100.000 euros en un año en subvenciones o que más del 40% de sus ingresos provengan de ayudas públicas.

Seguramente si el otro día en la entrevista que le hicieron en la Sexta a María Dolores de Cospedal le hubiesen preguntado si su partido apostaba por la transparencia ella hubiera contestado que más que nadie. Tal es el extremo en que se ha tergiversado este adjetivo en boca de nuestros políticos. Porque en el mismo país en el que hace poco nos hemos enterado de que diputados y senadores no tenían que dar explicaciones ni justificar los viajes que realizan con dinero público, muchos de ellos se llenan la boca diciendo que no tienen nada que ocultar. Pues bien, en este contexto, mañana 10 de diciembre entra vigor la Ley de Transparencia y Buen Gobierno.

Teóricamente la nueva normativa, publicada en el BOE como: Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información y buen gobierno persigue tres fines:  incrementar y reforzar la transparencia en la actividad pública, reconocer y garantizar el acceso a la información  y establecer las obligaciones de buen gobierno que deben cumplir los responsables públicos así como las consecuencias jurídicas derivadas de su incumplimiento. ¿Significará esto que a partir de ahora todo lo que se ha estado ocultando saldrá a la luz o estará a disposición de aquellos ciudadanos que quieran preguntar al respecto? Yo no lo creo. Aunque, al parecer, ese es el objetivo.

En el mundo, según el Global Right to Information Rating, hay 95 países que poseen leyes de transparencia de información sobre sus entidades públicas y gobiernos. España ocupa el puesto 64  en lo que a acceso a la información se refiere, según este mismo organismo, por detrás de países como Rusia, Angola o Tailandia. De hecho es el último país de la Unión Europea, de más de un millón de habitantes, en el que entra en vigor una legislación de este tipo. No me extraña, dada la idiosincrasia de nuestro bendito país.

Personalmente me cuesta creer que, aunque a partir de ya, esta herramienta nos permita solicitar, por ejemplo, una copia de los presupuestos del Estado, nos la vayan a facilitar así como así. La nueva ley ha sido ya criticada por diversos expertos por la falta de independencia del organismo que debe velar por su cumplimiento, que está adscrito al Ministerio de Hacienda. También han señalado que no reconoce el acceso a la información como un derecho fundamental y que no incluye informes, borradores y material de trabajo de las administraciones como documentos accesibles al público.

Como periodista, me imagino el potencial que podría tener esta suerte de ‘carta blanca’ para poder sacar a la luz informaciones que hasta ahora se escondían tras un galimatías burocrático que podía aburrir al más insistente de los informadores. En países como el Reino Unido, por ejemplo, dicen que ésta es la clave para haber podido sacar a la luz noticias exclusivas que han hecho enrojecer al más estirado de los británicos.

Pero que esto se aplique con rigor en nuestra patria chica, un país que se enorgullece de ser la cuna de la picaresca… No sé yo. Es cierto que los ciudadanos están cansados y yo diría que hasta asqueados con la actual situación. Y el ‘fenómeno Podemos’ no deja de ser una consecuencia de ese hartazgo generalizado.

Y la última encuesta del CIS dejaba muy claro que el paro y la corrupción son los problemas que más le preocupan a los españoles. Ojalá aunque sólo sea una pequeña parte de ellos se decidan a hacer buen uso de la nueva ley y pidan explicaciones a nuestros políticos . Pero yo creo que la gente está ya tan lejos de ellos, la clase política les merece tan poco respeto, que no me atrevo a aventurar si podrían ya o no creer en las respuestas que puedan darle.

Es como el cuento de Pedro y el lobo, aquel pastor que engañaba a sus vecinos proclamando que la ‘bestia’ venía a devorar a su ganado y que se encontró solo el día que ocurrió de verdad, porque había perdido toda la credibilidad. A lo mejor es ya tarde para hablar y legislar sobre transparencia, porque el término está ya tan empañado que es difícil creer que sigue siendo posible. Ojalá me equivoque.

9 de diciembre de 2014

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Comentarios:
  • visi comentó el 11 de enero de 2015 a las 23:26

Muy buena comparacion,lo de” Pedro y el lobo”

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Sobre mi blog:

Desde esta ‘torre de marfil’, como Juan Ramón Jiménez, invito a la reflexión de esa parte de la actualidad que nunca verás en grandes titulares. Desde la distancia, crítica y políticamente incorrecta, siempre alerta pese al vértigo.

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