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Tras la tragedia de Charlie Hedbo en Francia, revistas como Mongolia, referentes del humor satírico en España, pasaron a primer plano. Dario Adanti, uno de sus cofundadores, explica que “a la ficción no se lo puede poner límites"
Madrid
8 de febrero de 2015

Es uno de los cofundadores de la revista Mongolia, referente del humor más negro y satírico del momento. Tras la tragedia de París en el Charlie Hebdo, el debate se instauró alrededor de los límites del humor, unos límites que para Darío Adanti no existen, en todo caso, es un tema individual. “A la ficción no se le puede poner límites y el humor es una ficción”, es un lugar en el que “hay que permitírselo todo” porque incluso “ayuda a exorcizar los miedos”. “¿Por qué no puedo yo hacer un chiste sobre el terrorismo si así descargo mi miedo y también lo hacen mis lectores?”. Aunque, dice, no merece la pena acabar preso por una broma, como casi le ocurre al humorista Facu Díaz: “Es muy triste que Bárcenas esté por ahí y alguien por un chiste termine imputado”.

Darío Adanti critica que se ha utilizado la tragedia de Charlie Hebdo para crear una dialéctica muy siniestra. “A los yihadistas se la suda la libertad de expresión” afirma, y explica que hay que profundizar en temas como la integración de las minorías, la educación, etc. y gestionar mejor “una seguridad que es un gran mito burgués”.

Tres años de vida de Mongolia dan para mucho y ya han creado una obra teatral, “el musical”, con el que viajan por toda España. Es aquí donde Adanti confiesa que ellos han sentido miedo y también fue por el uso de una imagen, en su caso, de la Virgen de La Macarena de Sevilla.

Este argentino que nació en Buenos Aires en 1971, dicen que en un martes 13, es polifacético y poliédrico, y tiene tras de sí una larga carrera en España como historietista, ilustrador, guionista, humorista y ahora también actor. Su discurso no tiene pelos en la lengua pero sí un amplio sentido crítico: “Nos falta permitir a los demás libertades que nosotros no necesitamos”.

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Dario Adanti, cofundador de Mongolia. / P.R.R.

¿En qué se parecen las revistas Mongolia y Charlie Hebdo?
Charlie Hebdo es uno de nuestros referentes, como muchas revistas satíricas del mundo, en Francia hay otras como Le Canard enchaîné. Los satíricos nos parecemos, somos formato periódico y aunque usamos mucho humor gráfico, eso no es el grueso de la publicación, sino que es el humor escrito. Es el rollo de ser deslenguado, soez, mal hablado… Cuando empezamos hace ya años, fue Rapa Carballo el que nos juntó, y entonces nos dijo algo muy bueno: “Piensen que para todas las sociedades el mejor satírico es el que se hacía en el pasado o el de otro país”. En general, a las sociedades les cuesta mucho aceptar que tengas un gran nivel de agresividad humorística en tiempo presente.

¿Se refiere a incapacidad de reírse de uno mismo?
Sí, en tiempo presente cuesta más. Además, en España hubo algo que marcó, en los años 90, que fue una gran época en la que había estado de bienestar. Y no fue por Aznar (risas), sino por cómo se repartía el mundo y cuáles eran los intereses económicos de la época: que creciera la clase media para que pudiera convertirse en consumidora. Entonces se popularizó un tipo de humor que parecía el único posible: el humor inteligente que a mí me encanta, aunque reniego del término porque, como decía Macedonio Fernández, un gran escritor argentino, “todo humor es sorpresa inteligente”, por lo tanto hasta el humor más bruto y chungo, es inteligente. Cuando se popularizó ese humor en los 90, todo el mundo estaba encantando, y si soltabas un chiste un poco bestia, te decían: “No, es que a mí lo que me gusta es el humor inteligente”. Pues se puede hacer humor inteligente y también se puede hacer humor soez. Y a nivel político, con la actualidad, el punto soez, el barbarismo, la brutalidad son muy necesarios porque representan una descarga de la realidad. No necesitas ver algo ingenioso sino un “me cago en todo, joder, es que es verdad”. Y más aún en época de crisis.

Hasta el humor más bruto y chungo, es inteligente”

¿Pero este tipo de humor es necesario?
Nosotros cumplimos una función, diría, casi de limpieza. Yo lo veo mucho en el musical que hacemos ahora, la gente nos escucha decir las barbaridades que a ellos les gustaría decir. Eso lo decía también el compañero Edu Galán en su libro sobre el stand-up americano. El humor, sobre todo el del stand-up del que nosotros tenemos mucho, tiene que ver con el predicador loco, ese de la calle que dice “viene el Apocalipsis, hermanos”. Creo que en el humor hay un poco de locura que es necesario.

Hace unos días, Charlie Hebdo anunció que posponían “indefinidamente” sus publicaciones.
Me parece lógico que el Hebdo se pare un tiempo, por un lado porque la muerte de seres queridos te desarma, y si bien al principio no terminas de caer en la cuenta de la gran pérdida personal, a medida que pasan los días el duelo debe ser una peso muy fuerte a la hora de ponerte a pensar chistes. Por otro lado, la exposición pública en un tema tan delicado, como el extremismo religioso, no es cómodo y te despierta todos tus miedos. Me parece lógico y hasta sano, pero espero que pronto vuelvan a publicar el Hebdo para disfrute de todos los cultores de la sátira.

La libertad de expresión se puso en el foco tras los atentados de Charlie Hebdo, ¿por qué? ¿Fue un análisis acertado?
No, yo creo que no. El atentado del grupo yihadista no va contra la libertad de expresión, a los yihadistas se la suda la libertad de expresión. Son una ideología autoritaria, no importa qué límites tenga el humor, el humor no funciona; no creo que en un gobierno yihadista permitan ningún tipo de humor. Aunque le pongas límites, el humor no va a ser permitido nunca en una sociedad autoritaria porque el humor, de alguna manera, es un acto de desobediencia. El humor es buscarle el costado oculto, paradójico, ridículo a las cosas… y cualquier sociedad autoritaria quiere que veas sólo ese costado que ellos plantean, ningún otro. Por lo tanto, cualquier tipo de humor, hasta el más inteligente y el más fino, podría ser factible de un atentado de un grupo yihadista.
Pero en Mongolia no hemos tratado el musulmanismo en portada, dentro de la revista sí, porque creemos que aquí la minoría musulmana es muy minoría y está en una condición muy diferente a la nuestra.

El atentado del grupo yihadista no va contra la libertad de expresión”

En torno a esta tragedia de Charlie Hebdo ha habido una reacción de una parte de la sociedad que dice: “La libertad de uno acaba donde empieza la del otro”, ¿qué opinión le merece?
Voy a citar a la Biblia (risas), como buen ateo. Es esa famosa frase “por sus actos los conoceréis”. Yo también creo que la libertad de uno acaba donde empieza la de otro en cuanto a actos se refiere, es decir, el humor es una ficción, como la novela. El problema es que mientras que no veamos que el humor es una ficción, no vamos a entender qué es el humor. Cuando yo pongo a Rajoy viajando a la luna, es una ficción, Rajoy no viajó a la luna. O cuando pongo a Rajoy en un chiste hablando con el Ministro del Interior, es una ficción, esa conversación no tuvo lugar. Es una metáfora. Y como ficción que es, yo puedo hacer lo que quiera. A la ficción no se le puede poner límites, y el humor es una ficción.Creer que en mi libertad no puedo fantasear con que asesino a otro ser humano, porque eso me convierte en asesino, es cargarse la historia de la humanidad. Tenemos la ficción para poder fantasear con cosas y dejarlas ahí en la ficción, y luego no hacerlas en la vida diaria.

Aquella idea de fantasear con la barbarie para ser menos bárbaros.
Exacto, eso es. Hay que tener cuidado porque la fantasía es el terreno en el que tenemos que permitirnos muchas cosas. Y en el caso del humor, yo me permito insultar al presidente, por ejemplo, o a otros políticos. Pero no voy a insultarlo por la calle, aunque entendería que un desahuciado o un parado, les insultara.

¿Sobre qué tendría que reflexionar, entonces, Europa?
Creo que el tema de Charlie Hebdo tiene más que ver con cuatro puntos: primero, la integración de las minorías en Europa, qué diferencias sociales existen. Segundo preguntarnos por qué jóvenes que nacen en Europa pero que son nietos de países que fueron colonias de Europa odian tanto los valores europeos, por qué a pesar de vivir en una sociedad en la que tienen libertad de credo, de expresión, de todo, prefieren abrazar ideologías extremistas. En tercer lugar, hay que darse cuenta que se hizo muy mal el fin de la era colonial, muchos siguen bajo la esfera empresarial. Y por último, muy importante, la educación; hay que revisar todos los planes de educación, se educa para aprender datos de memoria, sin embargo no se educa en ética, educación cívica, el respeto a la diferencia, también entre hombres y mujeres; educación humanística, reflexiva…

La fantasía es el terreno en el que tenemos que permitirnos muchas cosas”

La respuesta que ha dado Europa, de momento, está en las antípodas de lo que describe.
Totalmente, cuando salen Rajoy o el Ministro del Interior a decir “Je suis Charlie”, lo primero que te dan ganas es de decir, pues entonces “Je ne sui pas Charlie”. Toda esa gente ha utilizado la tragedia de Charlie Hebdo para crear una dialéctica muy siniestra, de la que estoy en contra. Y esa dialéctica es el paneuropeísmo, que a mí me parece bien y que estaría bien que funcionara, pero que en este caso habla de unos valores europeos que no comparto, y que hablan de que esto es civilización contra barbarie. Ahí hay que recordarles que Europa no siempre fue civilización: está la Europa de Voltaire y la de Hitler, y con el fascismo también se vendía esa idea de que todo aquello era Europa.
Por otro lado, en Europa se ha construido de puertas para adentro una especie de corrección política que pareciera que solo afecta al humor o la ficción. Si haces un chiste, y metes un personaje que está gordo, te critican porque no está bien meterse con la obesidad. Pero si, en cambio, criticas al mundo islámico sin tener ni idea de ese mundo, está todo bien. El problema es que se defienden los valores de una religión totalmente sectaria como es el Cristianismo contra otra que es también sectaria que es el Islam. Si a mí me dan a elegir entre Cristianismo e Islam, conmigo que no cuenten, yo estoy con los valores de la iluminación. Pero el Ministro del Interior, no, él besa la cruz todos los días.
Y gran parte del Gobierno y gran parte de la clase empresarial española que se puso “Je suis Charlie” no sólo aprueba la Ley Mordaza sino que muchos de ellos son del Opus Dei.
Otra cosa que se tiene que replantear Europa, en general Occidente, es su trato con el tercer mundo. No nos olvidemos que casi todos los grupos más extremistas islámicos fueron armados por Occidente en la Guerra Fría.

La reacción europea se centra, hasta ahora, en reforzar la seguridad.
Es un desaguisado terrible. Están reforzando el tema de seguridad en aeropuertos, tráfico, y tal, estos chicos habían nacido en París, vivían en París. ¿Esto es una sociedad vigilada? Tenemos que asumir que toda sociedad humana tiene un porcentaje de riesgo y de peligro. Y en realidad, estamos muy protegidos.
Por un lado, la seguridad es un gran mito burgués, y por otro, se ha metido una cantidad de dinero acojonante en seguridad desde los atentados de las torres gemelas y del 11-M. El problema no es que no tengamos seguridad, que es necesaria, eso está claro, es obvio, pero creo que hay presupuesto de sobra para seguridad. Pero si lo que sacó WikiLeaks y esta gente es cierto, se está gestionando mal, porque se está vigilando a los periodistas, a los embajadores, a los diplomáticos, a jueces que tienen determinados juicios que pueden ser peligrosos para los partidos que gobiernan… ¡a nosotros mismos! Investiguemos a neonazis, a células que puedan convertirse en terrorismo, grupos que ya se saben… no otra cosa.
No se puede valorar la seguridad en cuanto a libertad de información o la libertad de expresión.

Hay quien dice que por este tipo de cosas, el humor satírico o dibujar a Mahoma, no merece la pena poner en peligro la seguridad.
Sí, es un poco lo de ¿qué necesidad había? Lo que yo digo es, ¿y qué necesidad hay de hacer una obra de teatro? ¿Y de escribir poesía? Ninguna. Pero lo que hay que dejar claro es que el atentado no fue por el Charlie Hebdo, insisto. Estos chicos estaban muy resentidos con la sociedad francesa, por muchos motivos, y lo canalizaron por ese lado porque habían entrado en un discurso enfermo, todo lo que hemos comentado.

La seguridad es un gran mito burgués”

Muchos humoristas aseguran que el público español, sobre todo en círculos íntimos, tiene uno de los humores más negros y ácidos del mundo.
Es cierto. Yo creo que tiene que ver también con las épocas en las que se formó la clase media y el estado del bienestar, porque a medida que se añadía gente a esa clase media, más prejuicios burgueses se iban colando en la sociedad. España ha mantenido esa tradición del humor negro que viene desde Quevedo, y eso que él es sólo la punta del iceberg, supongo que es un humor instalado en el pueblo español, es parte de cierta cultura mediterránea.
Lo que pasa es que, de pronto, los medios se distancian de la forma de hablar de los españoles en los bares, que es su hábitat natural, esos lugares de charlas, de cafés, en los que los tabúes desaparecen. Ahora esa distancia se ha acortado por las redes sociales que han hecho patente que la gente hablaba de una manera y los medidos de comunicación de otra. Y la gente es mucho más salvaje que la representación de la sociedad que luego se hace en los medios. A nosotros nos pareció absurdo que puedas encontrar en Twitter chistes mucho más directos que los que hay en una revista escrita. Las redes sociales le quitaron el maquillaje al humor.

¿Cree que estamos perdiendo capacidad de humor?
Yo creo que sí. Todos tenemos una cosa muy hipócrita y muy contradictoria. Si lo leemos en Twitter o lo escuchamos en un bar, nos partimos el culo. Pero si lo publicamos en una revista como Mongolia, esa misma persona diría que eso es inadmisible. Y yo digo ¿por qué? Si te lo contaron en el bar y te reías.
No es algo sólo de España, es más de las culturas judeocristianas, es aquella historia de familias acomodadas para las que el problema no es abortar, el problema es que se enteren que hemos abortado. También pasaba en Argentina. O los curas que son gais, o los gais que son cristianos y se terminan casando, e incluso votan en contra de sus propios intereses. El humor entra también ahí: un señor conservador en su casa puede decir “ese es un hijo de puta”, pero si luego lo oye en otro lugar, lo va a censurar. Son resabios de esa doble moral cristiana.

Mongolia, ¿cree en algún límite en el humor?
Nosotros creemos que no tenemos que tener límites. En todo caso, son límites personales que tiene que tener cada uno. Yo no podría decirle a un colaborador que no voy a publicar su chiste. Detrás de los chistes hay una ideología y un concepto, un crítica o una ironía, pero luego también a los humoristas nos hacen gracia cosas porque son graciosas, sin más. Hay chistes con una carga de profundidad y otros que son frívolos, que están porque me hacen gracia. Y puede que a ti no te hagan.
La sátira política, para mí, ha de apuntar siempre al que tiene más poder que uno. Yo no voy a sacar una tapa contra los inmigrantes, pero puedo hacer una que sea totalmente racista, pero ya por estar en Mongolia, que es una revista satírica (aquello de McLuhan de que el medio es el mensaje), ya sabemos que es una ironía, un crítica.

Las redes sociales le quitaron el maquillaje al humor”

¿El daño a minorías que socialmente son más vulnerables sí sería un límite, entonces?
Yo tengo ahí una doble sensación: creo que yo tengo derecho a dibujar a Mahoma y a quien yo quiera, porque vivo en una sociedad libre y como parte del pacto social también los que tienen ese credo han de respetar la libertad que hemos conseguido.
La historia es otra, se trata de que yo como revista Mongolia saco 40.000 ejemplares y pertenezco a la gran mayoría blanca de clase media europea y a mí, como a gran parte de la sociedad, lo que me está jodiendo el día a día son tipos de atentados contra la libertad como la Ley Mordaza o que la Iglesia católica se inmiscuya en cosas como el matrimonio gay. Entonces, ¿por qué voy a poner en portada a Mahoma? Entendería que un país con gobiernos de extremismo religioso lo hicieran como actitud política.

Es un humor que se dirige más a la realidad cotidiana, ¿entonces?
Sí, sin duda. Y creo que aquí, incluso, se podría leer como un atentado de la mayoría europea, o de origen cristiano o laico contra una minoría marginal como puede ser la minoría musulmana, que encima están bastante puteados porque la policía les para todo el rato por ser sospechosos de todo.

Pero tras esa reflexión, ¿no se podría caer en una contradicción? Los ciudadanos de esos países autoritarios no pueden denunciar pero tampoco se haría desde lugares como Europa.
Sí que se puede denunciar, y nosotros lo hacemos, pero dentro. Sólo se trata de que nosotros no llevamos a portada, porque nosotros hacemos temas nacionales. Nosotros nos metemos con todas, con las religiones principales, pero llevamos a portada sólo la católica porque aquí es la que más poder tiene.
Derecho hemos de tener a todo, pero también debemos ser conscientes de que si yo antes me tomaba la libertad de hacer una barbaridad sobre un tipo del Zaire, sólo quedaba aquí. Pero ahora con la globalización, con las comunicaciones por Internet, esa barbaridad le llega a ese tipo del Zaire porque se comunica con uno de aquí y quizás, después, venga el de aquí a buscarme… El problema es conocer la situación del mundo.

¿Mongolia con quién ha tenido problemas en España?
Recuerdo el caso de La Macarena, ahí sí tuvimos un caso bien heavy. Incluso entró el alcalde, Zoido, a trolearnos. Recibimos de todo, un mail muy gracioso que recuerdo “deberíamos haber acabado con todos en el 36”. Que seguro que el tipo que lo escribió no había nacido en el 36, como yo tampoco.

¿De todo hasta el punto de sentir miedo?
Cuando fuimos la primera vez a Sevilla, sí. Siempre vamos con las camisetas de Mongolia, que es la mejor forma de hacernos ‘promo’, y ahí a Sevilla fuimos sin camiseta, hasta nos acompañó Gonzalo Boye (abogado y editor de la revista). Pero no pasó nada. La mayoría es gente que necesita descargar esa porción de odio que siente en redes sociales, pero luego no se movilizan. Por eso no me gusta considerar las amenazas, no es lo mismo que Charlie Hebdo. Es otro palo, son lo que llamamos trolls: les gusta dar hostias en redes sociales, pero después no pasa nada.
Eso fue la primera vez, en 2013. Esta segunda vez, en cambio, vino gente de la Hermandad. Nos mandaron un burofax diciéndonos que La Macarena es marca registrada (noticia sobre la polémica) y que no podíamos usarla. Pero dijimos que ningún problema, quitamos la imagen y dejamos la silueta.

portada

Portada de Mongolia para promocionar el segundo musical en Sevilla.

Todo esto es muy absurdo y complejo. Pero nosotros lo respetamos porque, al final, el único limite del humor es lo legal. Por un chiste no pienso ir preso, aunque también es algo discutible. Yo condeno como buen demócrata el terrorismo y hay que castigarlo, la ley tiene que estar ahí. A mí no me apetece nada hacer apología del terrorismo… Pero teniendo en cuenta que el humor a veces es muy frívolo y que la risa es una forma de exorcizar los miedos, a veces me pregunto, si yo vivo con miedo al terrorismo, ¿por qué no puedo hacer un chiste sobre el terrorismo si así lo descargo y también lo hacen mis lectores? Sacha Baron Cohen ya lo ha hecho en una película sobre el 11-S. Y no pasa nada.

¿Entonces ha ido bien en Sevilla con el Musical?
Sí, y ha ido muy bien, ha venido mucha gente, no sé, 700 personas. Nos gusta Andalucía, por muchas razones. Y me encanta el folclore, los folclorismos. Me gustan los pasos, me parecen maravillosos. Si se perdieran las costumbres, lo que tendríamos es una globalización asquerosa.
En lo que no creo es en la injerencia del credo sobre el estado. Ojalá el día de mañana la sociedad sea tan avanzada que no necesite de la fe, que le interese más la ciencia y que mantenga los ritos de fe sólo como un rito folclórico, como quien hace ‘Moros y Cristianos’. Ojalá. Eso no va a llegar nunca. Pero yo no quiero prohibir la fe, yo lo que quiero es que la fe no me prohíba a mí cosas.

¿Alguna otra polémica digna de mención?
Bueno, también tuvimos un burofax de la revista Hola cuando hicimos la portada MongHola! porque decían que les estábamos robando el logo. No era cierto porque no usamos su tipografía, era una muy parecida pero de uso libre. Y decían que podía ser perjudicial porque sus lectores podían confundirse comprando nuestra revista al creer que era la de ellos. ¡Imagínate! Nosotros creemos, nadie lo puede afirmar, sólo creemos, que por la relación de la revista con la Casa Real, tiene pinta de que quisieron hacerles un guiño simpático a la Casa Real más que querer hacernos daño a nosotros, porque pidieron que retiráramos la revista y dijimos que no. Y ahí quedó.

monghola

Este tipo de conflictos con otros, ¿os perjudican u os benefician?
A nosotros nos gustan, siempre que no vayan a más. A veces, nos preguntan si nos vendría bien que nos embargaran la revista, que la secuestren. Y muy bien no nos vendría. Nosotros somos una empresa precaria: no tenemos oficina, no tenemos ningún tipo de financiación de bancos, la publicidad que tenemos es de cosas culturales, poca, y nuestro negocio depende de suscritores. Imagínate que te has gastado 20.000 o 30.000€ en sacar la revista y te la secuestran. Tienes que volver a sacar 30.000€. Para nosotros desembolsar en el mismo mes dos veces, no es que tengamos un fondo de capital, vamos haciendo la revista conforme entra el dinero, y lo dijimos, que se iba financiando con el dinero de los suscriptores. Pero más allá de eso, sería muy triste que Bárcenas esté por ahí y alguien por un chiste termine imputado, ¿no?

En España aún hay temas difíciles para un humorista, como ha demostrado la polémica vivida por Facu Díaz debido a su sketch de humor por el que se le acusó de “humillación a víctimas de terrorismo” que, finalmente, se archivó.
Tal cual, es muy fuerte, se puede hacer juicio por decir que eso es apología del terrorismo cuando no lo es, pero luego el PP destroza todo el rato a Pilar Manjón, que es la representante de las víctimas de terrorismo del 11-M, simplemente porque es una representante que no ha querido seguir esa línea política. El PP ha capitalizado un poco ser portavoz de las víctimas del terrorismo, cuando en España han matado a gente de todos lados. Para mí es mucha más falta de respeto a las víctimas lo que hace el PP no invitando a Pilar Manjón a un acto institucional que con un chiste que pueda hacer yo.

Este suceso con Facu Díaz despertó gran interés en el extranjero. Creo que la BBC contactó con usted para hacer un reportaje.
Sí, desde la BBC me preguntaron si yo me animaba a salir a la calle a hablar con la gente. Y yo soy un caradura de mucho cuidado, así que dije que sí. Me dijeron que cogiera las portadas que me parecen más ofensivas de Mongolia, y elegí la de Cristo yihadista, que sacamos para Semana Santa, y luego la de las banderas española y catalana con las mierdas. Las portadas son un acto contra los símbolos, nada más, un mensaje de que lo importante son las personas y no los símbolos, que pueden dejar de tener su función. No son lo que realmente importa. (Vídeo de la BBC). Como verás, la de Jesucristo no gustó, decían que deberían prohibirla. Con la de las banderas, la de España les parecía terrible pero con la de Cataluña sí se reían. Y eso es terrible. A la gente le cuesta reírse de uno y también permitirles a los otros una libertad que ellos no se permiten. Yo tengo una vida conservadora, en cuanto a que me levanto temprano, tengo una pareja de años, no sé, pero que cada uno haga lo que quiera. Que puedan hacer lo que quieran. Nos falta permitir a los demás libertades que nosotros no necesitamos. Y eso es falta de cultura democrática.


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