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Con cinco años Asha Ismail sufrió la ablación, la mutilación genital femenina. Ahora tiene 46 y preside la ONG 'Save a Girl, Save a Generation'
19 de noviembre de 2014

Su vida es el relato de una mujer valiente y luchadora, una de esas mujeres que cambian el mundo. Es también la historia de una madre coraje que tuvo muy claro que nunca permitiría que a su hija le hicieran lo mismo que a ella, aunque tuviera que enfrentarse a todo lo que había conocido hasta el momento. Con cinco años Asha Ismail, que ahora tiene 46, sufrió la ablación, la mutilación genital femenina, una práctica sin ningún tipo de justificación médica y considerada una extrema violación de los derechos humanos.

Nació en Kenia, en una zona fronteriza con Somalia, pero ahora vive en España y preside la ONG ‘Save a Girl, Save a Generation’, desde la que lleva a cabo una amplia labor de concienciación sobre lo que supone para una mujer sufrir esa inaceptable agresión física y psicológica. A pesar de que nunca ha superado las heridas, sorprende su capacidad para hablar del tema sin tapujos. Además, no ha perdido ni la sonrisa ni el sentido del humor.

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Asha Ismail en uno de sus viajes a Kenia. :: Jon Cuesta

Usted cuenta que la ONG ‘Save a Girl, Save a Generation’ se puso en marcha justo el mismo día que nació su hija.
Recuerdo que cuando estaba embarazada deseaba que no fuera niña lo que llevaba dentro, lo deseaba con toda mi alma. Cuando vi que era una niña, pensé: ¿Qué le espera? No podía permitir que pasara por lo que yo pasé. El motivo más fuerte de todos para la lucha fue su nacimiento. Fue en 1989 en Somalia. Cuando le vi la carita, estaba convencida de que ella no iba a pasar por lo que yo he pasado. En aquel momento no había Internet ni nada y apenas llegaba el mensaje a la gente. Si había alguna lucha en el mundo o alguna alarma, yo no me había enterado.

Aquella decisión supuso ir en contra de todo lo que había conocido hasta el momento.
Era intentar ir en contra de algo que ha estado ahí siempre. En mi caso yo estaba segura de que mi hija nunca se casaría con un hombre somalí porque, ¿quién se va a casar con una mujer que tiene clítoris? Pero eso no me importó.

En el siglo XIX en Inglaterra también se le practicaba a las niñas que se masturbaban”

¿Por qué se practica la mutilación genital femenina? ¿Es una cuestión religiosa?
Aunque se ha achacado mucho a la religión, no tiene nada que ver. Es muchísimo más antigua. Quizás es más bien cultural. ¿De dónde viene? Hay varias teorías, por ejemplo, que procede de los tiempos faraónicos de Egipto como una manera de controlar la natalidad entre los esclavos. En el siglo XIX en Inglaterra también se le practicaba a las niñas que se masturbaban, porque se consideraba que eso era una enfermedad, de manera que había que cortarles el clítoris para que no lo hicieran. También decían que era una manera de curar la epilepsia, cuando a una niña le daba un ataque, se aconsejaba hacerlo igualmente.
Si lo piensas bien, al final es una manera del hombre de controlar la sexualidad de la mujer. En África ha crecido el dominio del hombre, su intento de controlar a la mujer, a la que se le exige llegar virgen al matrimonio. Si es virgen, es pura. De manera que para que la niña no tenga ningún interés sexual, desde pequeña se le practica la ablación cortándole el clítoris y así ya no siente ningún deseo hasta que se case. Y se cuentan muchas leyendas: el clítoris crece, el clítoris hace daño al bebé…

¿Son las propias mujeres las que practican la ablación?
Sí. Las que la practican en todas las tribus que existen en África son las mujeres, es la madre quien llama a la señora para hacer el corte, los hombres no quieren saber nada de ello. Pero luego a la hora de buscar a una mujer para hacer sus cosas buscan a una mujer mutilada.
Las mujeres creen que es su deber, es su obligación porque es la manera de estar purificadas. Cumplen con su obligación como madres al asegurar que su hija llegará virgen al matrimonio y encontrará un marido bueno, es la única manera.

Para que la niña no tenga ningún interés sexual, desde pequeña se le practica la ablación”

En este documental de Ébano Media usted asegura que una de las peores secuelas, entre muchas otras, es que nunca ha olvidado el sonido de la cuchilla.
A mí cuando me cortaron sufrí muchísimo dolor. No sabía ni siquiera lo que me habían hecho hasta años después, pero sí que me habían hecho mucho daño. Después pregunté a mi madre que por qué lo había consentido. Y le aseguré: si tengo una niña nunca lo permitiré. Años después, cuando tomé la decisión y se lo dije a mi madre, ella me contestó: “¿sabes qué? Que me lo dijiste cuando eras una niña”. Pero yo no me acordaba de eso. Lo que recuerdo es que sufrí mucho y que cada vez lo fui rechazando más.
Después me llegó la regla y era mucho dolor otra vez, no podía ir al baño como las otras niñas porque sólo salían unas gotas y era un no parar… Y el día de mi boda, cuando me tuvieron que cortar para que se pudiera acostar aquel hombre conmigo… (consulta aquí cuáles son los tipos de mutilación genital femenina según la clasificación de la OMS en función de su severidad).

¿En qué consiste exactamente la labor de la ONG que ahora preside?
Le pusimos el nombre en 2007, de manera que está registrada desde ese año. Llevamos a cabo talleres de sensibilización, charlas, mesas redondas, colaboramos con otras organizaciones que trabajan con mujeres. El objetivo es que la gente en España se sensibilice, que no se vea la mutilación genital femenina como algo ajeno, algo lejano. En España ahora hay multiculturalidad y las culturas vienen con cosas buenas y otras cosas que tenemos que hablar de ellas, como la mutilación. Sobre todo porque era algo que en España no se trataba. La primera entrevista que yo hice aquí fue en 1997 para La Vanguardia, y fue porque saltó la alarma al salir la modelo somalí Waris Dirie hablando del tema. Lo cierto es que ahora tampoco se habla hasta que no salta alguna alarma. Mi objetivo es que no solamente salten las alarmas cuando hay un caso sino que intentemos arreglar, tratar e informar desde la raíz, desde la llegada de la gente que viene de los países donde se practica la ablación, países en riesgo.

Es importante que sepan que es malo para la salud”

¿Cuáles son esos países?
No afecta a toda África ni a países enteros, es cuestiones de etnias, de clanes específicos. Pero en Somalia sí es en casi todo el país. También en parte de Kenia, Sudán, Egipto, Mali, Gambia, Sierra Leona, algunas zonas de Senegal… Son muchos los países (aquí el mapa de la mutilación genital femenina). Y bueno, hay inmigración en España de todos esos lugares. Y lo repito siempre: los errores que han cometido los países que reciben inmigración desde hace más años como Inglaterra o los países nórdicos es tratar la ablación como algo cultural, porque entonces el problema sigue, sigue habiendo casos cada año. No quiero que España cometa el error de tratar la ablación como algo cultural, como una cosa de la cultura y por ello lo respetamos. Entonces mis campañas van dirigidas a todo el país: a los médicos, a los trabajadores sociales, para que puedan identificar, para que puedan hacer un seguimiento, para que puedan hablar abiertamente con la gente nada más llegar, que no les dé temor hablar de esto. Es importante que sepan también las leyes que tenemos en España ahora mismo, que sepan que es malo para la salud. Hay que intentar informar, educar y enseñar los daños que puede causar en la vida de una niña.
Sí es cierto que en Cataluña lo tienen más controlado, es la única parte de España donde ha habido un control real (consulta esta noticia). Ahora estamos intentando que se establezca un protocolo de seguimiento.

¿Ha conocido algún caso de primera mano en España que haya podido salvar?
Puedo poner el caso de mi sobrina. Llegó a España con su madre como refugiada en 2006. Mi hermana había llegado con la mentalidad de que la mutilación genital femenina se debía hacer, pero yo le puse de ejemplo a mi hija, le dije: mira, no está mutilada y no le pasa nada, tu hija también puede ser una generación salvada. Logré convencerla. Mi sobrina tiene ahora 18 años.

‘Save a Girl, Save a Generation’ trabaja también en África. ¿Cómo se desarrolla allí el trabajo?
Hay un grupo de mujeres que están trabajando entre Kenia y Somalia y colaboran con la ONG. Pero queda mucho por hacer en África. Se ha avanzado pero queda mucho, porque seguimos con gente con mentalidad muy cerrada, o gente que se supone más civilizada y que dice: bueno, no está bien cortar del todo y cerrar los labios, pero cortar un poquito el clítoris no es malo. Y la mayoría cuando vas allí y hablas con ellos te dicen: ‘no me vengas aquí con mentalidad occidental, que te han lavado el cerebro, no me vengas con historias’. Yo siempre me pongo de ejemplo. Cuando decidí que a mi hija no la iban a mutilar no estaba en Occidente. Intento convencerlas de que no hay nadie que me haya lavado el cerebro, sino que es una decisión mía. ¿Realmente quieres que le pase a tu hija lo que te ha pasado a ti? ¿Quieres eso para ella? Son las frases que utilizo. A ellas no les importan las consecuencias médicas, así que lo que intento es llegarles al corazón para hacerles pensar un poquito. No está escrito en el Corán, no está escrito en la Biblia, no hay ningún libro ni ninguna religión que apoye la mutilación genital femenina, ¿por qué lo haces? Es lo que les digo.
Pero es difícil. Mira el pasado mes de junio en Kenia hubo una manifestación de las mujeres de la comunidad de los masáis en la que exigían su derecho a practicarla, y defendían que nadie podía prohibirlo.

Jamás en la vida voy a saber cómo se siente una mujer entera”

Imagino que hoy día aún se encuentra con gente que no sabe qué es la ablación.
Sí, y es una historia que asusta a la gente y que produce horror. Y esa sensación de horror en los demás provoca en ti un estado de shock. Porque a la persona a la que han mutilado la hundes, porque incluso se siente culpable de contarlo, de manera que se calla y no dice nada. Con toda la experiencia que tengo de poder hablar libremente del tema, porque es una manera psicológica de superarlo, no soy capaz de ir a un ginecólogo, porque me avergüenzo. He estado por obligación cuando he tenido los niños pero voluntariamente no, ni siquiera a día de hoy porque te avergüenzas de tu cuerpo. No he sido ni siquiera capaz de mirarme. Yo sé que mucha gente no se mira, pero también hay quien por curiosidad coge un espejo y se mira ahí abajo, pero yo nunca. Es algo que no quiero ver. La última vez que fui al ginecólogo, hace mucho tiempo, salí de allí sudando y temblando. A lo mejor no supuso una gran cosa para el médico, pero para mí fue terrible.

¿Y cómo ha afectado a sus relaciones de pareja?
Jamás en la vida voy a saber cómo se siente una mujer entera. Y me seguiré preguntando cómo sería mi vida si no me hubieran mutilado. Pero aprendes y si te encuentras con una pareja con mucha paciencia, llegas a saber que también puedes, que no es sólo ahí, pero eso cuesta muchísimo porque tienes que estar muy relajada, muy enamorada, con una persona con muchísima paciencia que sepa cómo despertar el deseo dentro de ti, porque dentro hay una mujer.
Cuando éramos pequeñas, yo era muy coqueta. Y si nos pintábamos, me decían: no te pintes los labios, no te maquilles, que te vas a convertir en puta. O también: no comas dulces o helados que te vas a volver puta. Nada era bueno. Si había una cosa buena, te la quitaban, no podías tenerlo. Evitaban que tuvieras cosas bonitas, que te vieras guapa o que comieras dulces, porque todo eso era volverse puta. Ahora, hay una expresión que suelo utilizar mucho cuando me como un helado riquísimo. Siempre digo: ¡Qué rico está el helado, este es para volverse puta! (Risas).



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Comentarios:
  • Azul comentó el 10 de febrero de 2015 a las 16:44

Es difícil encontrar notas como estas y solo hacen sentir una impotencia….. Mi admiración total para esta GRAN MUJER Asha Ismail, quien es un héroe para cada una de esas niñas a las cuales ha podido salvar de esta gran aberración y mayor mérito porque aunque ella nació en un país en donde es por “obligación practicarlo”, ella dice NO y lucha por cambiarlo para que nadie más pase por lo que ella ha tenido que vivir y todo su esfuerzo sé que cada vez más será positivo, aunque un gran reto, pues es difícil pensar como las mismas mujeres que son sometidas a esto luchen también porque se cumpla, porque aún lo consideran que es “su derecho” el que se les practique la ablación, porque entonces va mas allá de eso, va más a cambiar toda una forma de pensar y vivir.
Saludos.

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