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Quizás este sea un país al que le cueste confiar en sus posibilidades, creerse mejor. Porque no es tan excéntrico pensar que podríamos agarrar algún pájaro mejor o varios de ellos. Por mucho que vuelen

El refranero popular de un país dice mucho de él. Habla de esa cultura que subyace detrás de sus gentes, de las ideas que se tejen en el tiempo y el espacio compartidos, sin darnos cuenta y entre todos. Calladas, heredadas entre generaciones, supervivientes. En cierto modo, nos rigen. Últimamente, oigo alguno de esos refranes con mucha frecuencia, como ese de “Virgencita, que me quede cómo estoy”, del que chorrea parte de la esencia de nuestra España. Pero hay otro similar, quizás más recurrente aun en estos tiempos, y que me atrapa cada vez que lo oigo. Es ese que dice: “Más vale pájaro en mano que cientos volando”. Sobre él me comentaba hace un tiempo un compañero argentino, con gesto de asombro pícaro: “¿Es que no se dan cuenta de que son cientos?” Claro que sí, ¡si es que son cientos! Cientos. Entonces, ¿por qué no soñar con alcanzar alguno más? ¿Acaso es mejor conformarse?

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24 de octubre de 2016
Los de unas familias y los de otras, descendientes del que ganó o del que perdió, todos somos nietos con la obligación de escribir en los libros de historia de colegios e institutos lo que ocurrió entonces. Por el bien de todos.

Las heridas están abiertas en España y no se cierran por negar el dolor que suponen ni por minimizarlo con la ironía que sólo permite la victoria. Siguen ahí y es necesario desenterrar muertos y reponer la dignidad de las víctimas para evitar el sangrado o posibles infecciones.  Un país que se tiene por democrático ha de escribir el último capítulo de la historia de la guerra y del franquismo de forma conjunta, con ciudadanos que partan de una conciencia de igualdad entre ellos y respecto a su país. La tranquilidad con el pasado se necesita para vivir en paz el presente y crear un futuro fuerte y sin pies de barro.

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10 de septiembre de 2016
Tenemos una televisión hiriente, sin valor, basada en un entretenimiento más que cuestionable, sin contenido y que duele. Duele e indigna, y no sólo por el bolsillo, sino también porque la televisión es un instrumento poderoso

La victoria de la corrupción es la derrota de todos. No importa si eres de izquierdas o de derechas. Pero no venía yo a hablar de política, que para eso hay miles de artículos de expertos y periodistas especializados, muy buenos. Porque, señores, hay muchos excelentes periodistas en este país. Muchos, incluso dentro de la televisión pública. Y digo “incluso” sin tratar de ofender a nadie, pero como últimamente se esmeran en dejar RTVE en manos de personajes como Mariló Montero (que ahora se va, porque ella quiere y a quien sustituirá, no se hagan ilusiones, Silvia Jato); Bertín Osborne (que tampoco está ahora, pero estuvo, vaya sí estuvo), o, por mencionar al fichaje más reciente, el señor Javier Cárdenas. Pues, claro, a una le atormenta la duda ingenua. Ahora sí que, como ya decían en Twitter (lugar de ingenio infinito), estamos más cerca a esa BBC que tanto decía ansiar Mariano Rajoy. Las cifras astronómicas gastadas en Bertín y Mariló ya las conocíamos, ahora las que nos abofetean son las que desvelan fuentes como El Mundo sobre esta nueva aventura con el catalán: la contratación de 61 capítulos le cuesta a la cadena pública 1.996.627 euros. Sólo hablo de dinero porque hablar de lo que supone en otras variables darle ese espacio, esa relevancia, en horario de máxima audiencia, no sabría cómo cuantificarlo.

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30 de junio de 2016
Tal vez se den cuenta de lo pequeños que somos y lo grande que es la lucha. Puede que vean con clarividencia que el futuro es algo demasiado importante para reducirlo a batallas guiadas, mediatizadas, de confrontación, de los míos o los tuyos

Hay palabras que se atragantan porque se creen inapropiadas, inadecuadas, fuera de lugar. Se quedan ahí, atravesadas en la lengua al saber que despertarán polémicas no deseadas, que incluso herirán en el sentido equivocado y no conseguirán su propósito. Y acaban por desvanecerse en el complejo del silencio. Ese sentimiento es el que me posee últimamente cuando oigo a alguien sentenciar: “Ahora que soy padre, me doy cuenta de lo importante que es la conciliación”. Y digo conciliación, como podría decir las guarderías, los parques o colegios públicos, la discriminación a las mujeres, la escasez de oportunidades para algunos… Una ristra de derechos, servicios, luchas relacionados con el bien común, con la batalla por una sociedad más igualitaria para todos, con el reparto de bienes y la conciencia de lo público; que hasta ese momento, quién sabe por qué, a estos nuevos progenitores, parecía no interesarles en absoluto.

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12 de mayo de 2016
Se esconde, la actualidad se esconde a pesar de acumular tantas vergüenzas, porque no aparecen en titulares, porque no son vendibles, porque no interesa a un bando o a otro. Y entre esa maraña deja de importar lo que nos une, lo esencial

Escándalos a grandes titulares copan portadas, telediarios y dirigen las tertulias de bares y debates llamados políticos. Incluso en la nueva gran conversación que son las redes sociales, leo con una continuidad ininterrumpida sobresaltos de unos y otros a bocanadas de indignación, como si el mundo se acabara. Y detrás de todo eso suele haber historias confusas, pequeños cambios sin importancia, campañas de difamación y mucho interés. ¿Recuerdan, por ejemplo, aquello de ‘miente que algo queda’? Deberíamos ser conscientes. Pero nos enredamos. Eso, primero, aburre; luego, indigna, incluso arranca alguna sonrisa, no sé si histérica o de resignación; y, finalmente, avergüenza. No defiendo yo aquí a un partido u otro, aunque muchos sólo por esta reflexión querrán meterme en algún saco. Pero esta absurda y oportunista lupa sobre los que llegan, esta constante demonización de los nuevos, es cínica y perversa. Y nos distrae.

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6 de marzo de 2016
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Sobre mi blog:

Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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