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Pues a mí me parece poco, muy poco lo que se ha evolucionado; me parece poco, muy poco, lo que se denuncia en los medios, en la calle, en las conversaciones de bar o de salón; y me parece insultante, muy insultante, que haya quien crea que ya está todo hecho. Me enerva

Cada generación tiene un mote, a cada generación se le cuelga un sambenito, que si la ni-ni, que si la generación digital… De la mía, los nacidos con la democracia recién estrenada, de los tópicos que danzan a nuestro alrededor no sé cuál es el más acertado, pero sí sé cuál el que más me duele: el que nos quiere lanzar al conformismo, el que nos recuerda que se ha avanzado tanto desde que nacimos. Y en concreto, después de tantos eventos en los últimos días machistas y discriminatorios, me refiero al que repite la cantinela de que la mujer ya ha mejorado mucho su situación, ¡dónde va a parar! Ese que corea que la igualdad ya es real,  que, a ver, no somos iguales en “todo todo”, pero que… ¡prácticamente! Porque, tal y como están las cosas, tampoco es para estar todo el día con el discurso feminista (y esto en boca tanto de hombres como de mujeres, tanto de mayores como de más jóvenes).

Pues a mí me parece poco, muy poco lo que se ha evolucionado; me parece poco, muy poco, lo que se denuncia en los medios, en la calle, en las conversaciones de bar o de salón; y me parece insultante, muy insultante, que haya quien crea que ya está todo hecho. Me enerva.

Ya la naturaleza lo hizo complicado, lo de la igualdad digo, y me refiero en exclusiva a lo de ser madre, no a esos argumentos medievales que algunos prodigan con un altavoz que nunca deberían tener. Porque una mujer, más allá de valorar las ganas, la idoneidad del momento, la posibilidad económica de tener un hijo, ha de añadir, la poco valorada transformación de su cuerpo y, sobre todo, las consecuencias en su vida laboral. Nada es igual, señores. No voy a repetir datos de los que todos hemos oído hablar, lean a Nicolas M. Sarries, y A Larrañeta, lean el nuevo informe “Maternidad y paternidad en el trabajo” de la Organización Internacional del Trabajo.  Todos los hombres, todos cuando tienen un hijo, recuperan su trabajo anterior, tal cual; pero las mujeres en esa misma situación, no lo hacen. Bueno, puede que sí o puede que no: tienes el 55% de posibilidades. “Me tocará, no me tocará”. ¡Pero qué más queremos! Si antes las mujeres no trabajaban. ¡Qué esperas!

Más, espero más. Que nadie olvide aquello tan obvio de que los hombres no podrían tener hijos sin la mujer y que esto, amigos, es penalizarlas a ellas por convertirse en madres. Hombres: vuestras madres, vuestras hermanas, vuestras mujeres, vuestras hijas. Eso sin entrar, claro está, en el inverosímil mundo de la conciliación familiar. Y mucho menos nuestra generación, que bastante bien estamos, ¿verdad?

13 de mayo de 2014

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Sobre mi blog:

Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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