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El feminismo quiere que a las mujeres no se nos cosifique ni se nos reduzca a ser rubias o morenas, a ir arregladas o no. Es luchar por que en el mundo laboral una mujer pueda llevar el zapato que desee. Igual que lo hace un hombre. Sin más

Yo soy feminista y no tengo nada en contra de los hombres. Muy al contrario. También soy rubia. Bueno, lo era, porque siempre me gustó jugar con los colores y ahora mi pelo es más bien de una mezcla indescriptible. Tal vez ese cambio me haya convertido en alguien más inteligente y no me haya dado cuenta. O puede que ahora sea más graciosa o más peligrosa o más veloz o más alta. No sé, ¿por qué no? Al fin y al cabo, tampoco sabía yo que el color de pelo otorgaba automáticamente a las mujeres una cualidad o defecto. Porque eso de que los hombres rubios son todos, digamos, tontos, como que no ¿verdad?

Párense a pensar un momento: ¿Hay algo aparte del machismo que explique una frase así? Es más, profundicemos amigos, aludamos al hecho en sí que intenta referenciar: parecer tonta para conseguir más de otros. ¿Hay algún hombre que tenga que hacer algo así? No, claro que no. Porque todo esto no más que machismo.

 

Hay otras declaraciones sobre si las feministas se arreglan más o menos o sobre la necesidad de usar tacón en cualquier reunión. Pero no entremos en cada una de ellas, sería demasiada simpleza casposa en un artículo. Lo que sí es importante es recuperarlas para usar la visibilidad de frases como las de la presidenta de la Comunidad de Madrid para ver dónde estamos, dónde están nuestros errores y hacia dónde debemos avanzar. Para evitar que el daño que hacen, permanezca y darle la vuelta a la situación: Porque el machismo se alimenta de estas falsedades e ideas absurdas para ser, para expandirse.

Nunca ha sido fácil ser feminista. No sólo por todo aquello de “cuidado que viene la feminazi”, los insultos y la ridiculización, sino también porque, en ocasiones, es complicado identificar el machismo. Lo acapara todo y se esconde muy bien. No es sencillo ver el daño que provocan determinadas actitudes que reproducimos. Yo, tú, y cualquiera. Y por eso hay que señalarlas. Para aprender a verlas, para desenmascararlo y poder así acabar con él.

No deberíamos dudar más. Ser feminista es querer la igualdad entre personas, no ir en contra de nadie. Es luchar para que ese machismo que hoy existe y mata, discrimina, humilla y abofetea, desaparezca. El feminismo quiere que a las mujeres no se nos cosifique ni se nos reduzca a ser rubias o morenas, a ir arregladas o no. Es luchar por que en el mundo laboral una mujer pueda llevar el zapato que desee. Igual que lo hace un hombre. Sin más.

Y ser feministas, señora Cifuentes, es admitir que aún hay mucho por hacer. Que hoy sigue siendo más difícil ser mujer, tal y como usted dijo. “A mí también me han exigido más por ser mujer”. Si no titubeó entonces, tampoco debiera hacerlo ahora para admitir que todas podemos caer en estos errores y que, sin darnos cuenta, todas podemos ser machistas. Sólo así podremos aprender y deshacernos de él.

*Este artículo se publicó el 17 de abril del 2017 en El Periódico Extremadura

23 de abril de 2017
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Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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