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Crecer, evolucionar, implica salir de la confortable morada familiar y luchar por ser independiente. Y eso hicieron, eso hicimos muchos. Ahora, unos años después, parte de esa generación, y de las que vinieron después, ha chocado con un abismo, inesperado, y ha tenido que emprender el vuelo, inevitable, de regreso al hogar de infancia

Eran los finales de los 80 cuando el entonces irreverente grupo Los Ronaldos gritaba aquello de “consíguenos un poco de dinero más”. Pero lo que entonaba sin cesar el joven Coque Malla era un ‘adiós, papá’. Esa despedida fue parte de su éxito. Aquel era el sueño de adolescencia de cualquiera que, entendiera o no el significado de la canción, gritaba el estribillo embriagado por la idea de saltar fuera del nido y vivir, de una vez, el idealizado mundo adulto. Y en plena adolescencia, si se puede decir con un poco de chulería, pues mejor.

El paso codiciado por todo joven, y natural, dicho sea de paso, es decir “adiós, papás” (pongamos el plural a los progenitores y quitemos cualquier resquicio de sexismo añejo). Crecer, evolucionar, implica salir de la confortable morada familiar y luchar por ser independiente. Y eso hicieron, eso hicimos muchos. Ahora, unos años después, parte de esa generación, y de las que vinieron después, ha chocado con un abismo, inesperado, y ha tenido que emprender el vuelo, inevitable, de regreso al hogar de infancia.

Esos jóvenes, ya maduros, con menos ilusión y más carga en la mochila, qué duda cabe, han entonado un “hola papá, consíguenos un poco de dinero más”. Están abochornados. No querían volver. Pero no hay trabajo, a pesar de la titulación académica cumplida. A pesar del esfuerzo, las ganas, la tenacidad. Están confundidos. Porque no hay opciones. No saben qué hacer. A pesar de la experiencia mejorada. Están enfurecidos. No hay salida. No hay. Nada. Tras su vuelta, viven arropados por aquellas sábanas de dibujos y un cobijo sin alquiler, ¡afortunados!, pero el consuelo de esas lentejas calientes se rompe por un dolor quebrado, por un aroma a bochorno, por la desubicación. La desolación. Rota la autoestima. Sin independencia y con la dignidad en juego. ¿Dónde dibujamos la esperanza?

Y todavía hay un colmo más allá, aquellos para los que esa melodía del “adiós, papá” sigue siendo una quimera salvaje. Todos esos que, aún rozando los 30, ni contemplan la posibilidad de emanciparse, de volar (lean este artículo España vuelve a ser líder del paro juvenil en Europa). ¿Cómo voy a pagar un piso si el coste de la vivienda supone más del 60% de un salario que, ni siquiera sé cuántos meses durará? Atentos: ocho de cada diez menores de 30 años vive con sus padres.

Más información en Consejo de la Juventud de España.

30 de septiembre de 2014

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Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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