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No seamos tan torpes de creer que el teléfono es el culpable, y que prohibiendo su uso, habremos dado con la solución. No es más que una herramienta. Y la forma en la que los jóvenes la usan, un síntoma

El móvil, ese pequeño aparato que empezó como un teléfono y que hoy es prácticamente una parte más de nuestra anatomía. Confiamos completamente en él y lo usamos para guardar datos, jugar, obtener información, hablar en redes sociales, comunicarnos con otros y compartir sin pudor intimidades, fotos, vídeos, audios… Hoy, la archiconocida aplicación WhatsApp (con más de 700 millones de usuarios al mes) es la favorita indiscutible. Es ya un símbolo de la comunicación más rápida y directa, pero también lo es del control. Del posible control: dobles ‘cheks’ para saber si se ha leído el último mensaje, datos sobre la última hora que hubo conexión, saber si alguien está ‘en línea’… Pues bien, para no perder detalle, también es posible monitorizar el WhatsApp de otra persona, es decir, puedes hacer que te llegue una notificación a tu móvil cuando otra persona se conecte a su WhatsApp y, además, conocer el tiempo exacto que ha pasado usándolo. La aplicación, que se llama WhatsDog, es española, de Murcia. Y hay jóvenes que la usan para controlar a sus parejas.

Es escandaloso. Es trágico ver cómo entre las generaciones más jóvenes aumentan males que creíamos que, poco a poco, iban desapareciendo. Se multiplican los estudios que muestran estas aterradoras tendencias, como aquel de Andalucía que apuntaba que uno de cada cuatro jóvenes andaluz “se muestra de acuerdo con que el lugar de una mujer está en su casa con su familia” o el más reciente, que fulmina la perversa hipótesis de que es un mal del sur, y señala que todos “los jóvenes españoles son más machistas que sus padres en el control de la pareja”.

Para más certeza, si se comparan los resultados con otros estudios similares realizados en franjas de edad mayores los jóvenes son menos críticos con este tipo de actitudes machistas dentro de las parejas. Es un tema complejo, del que por supuesto tanto hombres como mujeres son víctimas, pero no caeremos en el error de olvidar que son ellas las discriminadas, maltratadas y asesinadas en nuestra actualidad (recuerden el artículo ‘Las mujeres también matan‘).

Los últimos datos son estos: uno de cada tres jóvenes españoles considera “inevitable o aceptable controlar los horarios de su pareja”, y en ese control se incluyen elementos como impedir que vea a su familia o sus amistades, no permitir que estudie o trabaje o decirle lo que puede y no puede hacer. Espeluznante.

 

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Pincha en el gráfico para ampliarlo

En el pasado mes de diciembre y tras la campaña de ‘Hay Salida’ que estuvo en televisión, radio, prensa y marquesinas durante quince días, con el objetivo de alertar a los jóvenes sobre violencia en la pareja, sobre maltrato, las llamadas al teléfono 016 (un servicio de atención y asistencia a la violencia de género) se dispararon un 40 por ciento.

Está claro que los jóvenes identificaron el problema, se reconocieron en determinadas actitudes, comportamientos, sensaciones. Y buscaron ayuda. ¿Será que no tienen claro dónde están los límites? ¿O es que no saben a quién acudir? Quizás padres, profesores, periodistas, políticos, el mundo adulto debería pensar si estamos errando en el legado que les transmitimos, si estamos señalando lo suficiente esos “comportamientos discriminatorios e inadmisibles” en la pareja. En el fondo, si les estamos dando los valores básicos y necesarios. No estaría mal recordar, además, que los humanos, en gran parte, aprendemos por imitación. Por ejemplo, “siete de cada diez adolescentes escuchan que los celos son una expresión de amor”. Y como ésta, podríamos recopilar otras noticias, o estudios, o frases machistas que corren como la pólvora en la televisión, pero ¿de qué serviría? Estoy segura de que ustedes también pueden enumerar unas cuantas.

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:: Ferrán Martín (www.republica.com)

No culpemos al mensajero y seamos tan torpes de creer que el móvil es el culpable, y que prohibiendo su uso, habremos dado con la solución. El móvil no es más que una herramienta. Y la forma en la que los jóvenes la usan, un síntoma. Escandalicémonos más con cada mujer asesinada a manos de su pareja, condenemos a diario cada acción machista, cuanto más cotidiana sea, mejor, y cada control injustificado en la vida del otro. Sea hombre o mujer. Y empecemos a confiar en lo que dice nuestra pareja, la otra persona, más que en lo que dice su WhatsApp.

Revise el ultimo informe “Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud”.

 

4 de febrero de 2015

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Comentarios:
  • mohamed comentó el 13 de febrero de 2015 a las 12:00

hola patricia

me gusta tu análisis y estoy por acuerdo , pienso que de nuestros días la violencia esta una cosa muy usada entre la gente.
je trouve ton analyse tres pertinente et juste, je la partage amplement et je pensé que de nos jours la violence est devenue tres banale entre les gens.

tu ecris tres bien et je comprend ton choix d etre journaliste.

bonne chance

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Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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