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La provincia de Almería, en uno de los picos de Andalucía, es uno de los pocos lugares marítimos de la península que no ha podido sacar todo el tajo que podía al pastel de la especulación inmobiliaria y, qué locura, aún tienen playas prácticamente vírgenes

Como cantaba el gran Javier Ruibal, parece que “aquí todo tiene dueño como en la vida real” y al que se despiste puede que no le dé tiempo a decir aquello de “me lo pido”. Así que no se extrañe si un día encuentra esa playa a la que siempre ha ido urbanizada, masificada o ensombrecida a los pies de un monstruoso hotel blanco. Todo puede pasar en España, incluso en las zonas que aún no atisban sus horizontes de ladrillos, incluso en las que haya protecciones medioambientales de varios tipos, incluso en las que tengan líderes políticos que se deshacen en palabras grandiosas por su defensa. La provincia de Almería, en uno de los picos de Andalucía, es uno de los pocos lugares marítimos de la península que no ha podido sacar todo el tajo que podía al pastel de la especulación inmobiliaria y, qué locura, aún tienen playas prácticamente vírgenes. Pasado ya el boom, se han quedado sin los lujos más básicos propios del turismo de playa y sol español, pero aún pervive la empleabilidad en potencia. Y la culpa recae en tanta protección medioambiental, tanto parque natural y tanto terreno no urbanizable.  Quizás por eso, porque la justicia es interpretable y sería justo que los almerienses tuvieran derecho a su burbuja, las sentencias de este 2014 han dado la vuelta a la tortilla en uno de los casos más emblemáticos y controvertidos de la provincia, el conocido Algarrobico, que ha sido liberado de su condena por construir sobre terreno protegido del parque natural Cabo de Gata-Níjar y por invadir, en parte, la Ley de Costas. Ahora se ha legalizado para su uso después de años de relativa certeza jurídica sobre su ilegalidad. Tal cual:

“La licencia municipal de obras concedida en 2003 al Azata del Sol para construir el hotel en el paraje de El Algarrobico, en Carboneras (Almería), es conforme a derecho y no viola ni la Ley de Costas ni la normativa que protege los valores medioambientales del parque natural de Cabo de Gata-Níjar” (Europa Press) Contentos estarán muchos de los ciudadanos de la zona de Carboneras, municipio en el que se encuentra el enorme hotel ubicado en el levante almeriense. Allí no quieren arrastrar la culpa de haberse convertido en un icono de la especulación en la costa, ni de simbolizar la lucha contra la urbanización salvaje: allí quieren que el edificio, que está prácticamente construido desde 2006 cuando un juez paralizó las obras, se abra de una vez. Y traiga empleo (el alcalde ha dicho que hasta 80 puestos) pues la promotora Azata ya ha anunciado que “terminará el hotel y creará empleo si es jurídicamente posible para cumplir expectativas”. Es más, los vecinos se han manifestado en numerosas ocasiones, animados por los responsables políticos, y las mancomunidades de la zona han firmado comunicados en los últimos meses para pedir la apertura del hotel. Porque lo que importa ahora es que traiga dinero, no sabemos si tanto como el mal gestionado complejo El Toyo, pero dinero y empleo es lo que dicen. Aquello de las leyes medioambientales, ya tal, y que las triquiñuelas o mecanismos burdos de una Administración Pública estén en el origen de la legalización hace unos meses pues bien, no esta, pero en esta tierra de El Lazarillo de Tormes y de la picaresca, lo podemos dejar pasar. Eso sí, promesa de hacerlo mejor y de que “no volverá a ocurrir”; y olvidado. Olvidados los ocho años en los que el hotel no se ha inmutado ante las decenas sentencias dictadas sobre su ilegalidad por violar leyes, en los que ha visto celebrarse decenas de reuniones entre gobiernos autonómico y central en las que se pasaban la pelota ante un protocolo de derribo, en los que ha escuchado las acusaciones de prevaricación de unos agentes políticos sobre otros, en los que se ha sorprendido por los cambios de jueces o de la Sala Primera a la Tercera, en los que ha visto entrar y salir tantos políticos en alcaldías, consejerías, ministerios… todo lo sabido al olvido y lo demás, al cajón del “no es el momento”.

El futuro: Que la Junta recurra y denunciar en Europa

Plataformas como Salvemos Mojácar o Desmantelando el Algarrobico, formadas por vecinos, activistas y grupos políticos minoritarios, son los que han empujado la paralización de las obras hasta hoy. Como temían algunos de ellos, que ya habían advertido de que el hotel se legalizaría en verano durante el descanso estival, la sentencia traerá consigo más hormigón en la playa de Carboneras y la legalización de otros sectores del mismo término municipal. Todo un precedente, porque el símbolo de cambiaría de bando, al de la urbanización salvaje. Parece poca cosa, pero es abrir la puerta a otras urbanizaciones, a los siete hoteles anunciados y, ¡eureka! puede que también el campo de golf proyectado (lo de la escasez de agua, ya es otra guerra). Desde estos colectivos llevan años exigiendo un cambio de perspectiva y que se “desmantele” El Algarrobico, un concepto diferente a la demolición como tal al tratarse de un proyecto más económico y que incluye, entre otros puntos, la creación de empleos sostenibles. Puedes echar un vistazo. La lucha vuelve y desde colectivos como Ecologistas y Greenpeace ya han exigido a la Junta de Andalucía que recurra la sentencia, no sólo porque es la competente para hacerlo sino también porque desde la Adminsitración llevan lleva meses expresando su apoyo al derribo del hotel, en palabras de las propia Susana Díaz, “por todas las vías posibles”. Por tanto, sería lo lógico. Un paso más en la defensa de la ilegalidad de El Algarrobico ha dado el máximo representante de EQUO, Juan López de Uralde, quien en Redes Sociales se ha mostrado indignado con la sentencia y ha pedido explicaciones a la Junta de Andalucía pero, sobre todo, ha asegurado que denunciarán el caso en Europa. Parece que el gigantesco hotel permanecerá aún durante más años de trifulcas. A diferencia de lo que cantaba Ruibal, aquí, en el mundo real, una vez que desaparece la confusión, las cosas como “el paisaje, el aire, el agua y el mar” no tienen dueño. ¿O sí? Al menos, hacia ese camino deberían llevarnos nuestros representes y nuestras leyes.

*La maraña judicial queda un poco más clara en esta relación de sentencias que Greenpeace enumera en contra del giro vivido este año y que ha acabado con la legalización total del hotel.

31 de julio de 2014

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Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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