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Tenemos una televisión hiriente, sin valor, basada en un entretenimiento más que cuestionable, sin contenido y que duele. Duele e indigna, y no sólo por el bolsillo, sino también porque la televisión es un instrumento poderoso

La victoria de la corrupción es la derrota de todos. No importa si eres de izquierdas o de derechas. Pero no venía yo a hablar de política, que para eso hay miles de artículos de expertos y periodistas especializados, muy buenos. Porque, señores, hay muchos excelentes periodistas en este país. Muchos, incluso dentro de la televisión pública. Y digo “incluso” sin tratar de ofender a nadie, pero como últimamente se esmeran en dejar RTVE en manos de personajes como Mariló Montero (que ahora se va, porque ella quiere y a quien sustituirá, no se hagan ilusiones, Silvia Jato); Bertín Osborne (que tampoco está ahora, pero estuvo, vaya sí estuvo), o, por mencionar al fichaje más reciente, el señor Javier Cárdenas. Pues, claro, a una le atormenta la duda ingenua. Ahora sí que, como ya decían en Twitter (lugar de ingenio infinito), estamos más cerca a esa BBC que tanto decía ansiar Mariano Rajoy. Las cifras astronómicas gastadas en Bertín y Mariló ya las conocíamos, ahora las que nos abofetean son las que desvelan fuentes como El Mundo sobre esta nueva aventura con el catalán: la contratación de 61 capítulos le cuesta a la cadena pública 1.996.627 euros. Sólo hablo de dinero porque hablar de lo que supone en otras variables darle ese espacio, esa relevancia, en horario de máxima audiencia, no sabría cómo cuantificarlo.

Dinero público, señores, ¡qué es nuestro dinero! Y lo usan para hacer telebasura. Una televisión hiriente, sin valor, basada en un entretenimiento más que cuestionable, sin contenido y que duele. Duele e indigna, y no sólo por el bolsillo, sino también porque la televisión es un instrumento poderoso que, bien usado, ayudaría mucho a formar mejor a los ciudadanos, a mantener a raya a los políticos, a contar lo que ha de ser contado, a denunciar, a culturizar, a hacer reír y viajar, a dar voz a los que la necesitan, a apostar por aquello que es necesario pero no rentable… ¡a tantas cosas mejores, mucho mejores para todos! Pero mal usado… bueno, eso ya sabemos a lo que contribuye.

Mientras, el periodismo agoniza. Para todos: para los buenos periodistas de derechas y los buenos periodistas de izquierdas. Porque, aunque se empeñen (o nos empeñemos) en seguir anclados en el infructuoso enfrentamiento, aunque traten de cavar en la zanja de las dos Españas, hay cosas que nos hunden a todos y a todos nos hacen peores. Y no apostar por el buen periodismo, por la buena televisión pública, es una de ellas.

30 de junio de 2016
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Sobre mi blog:

Otra voz, otra mirada, otra idea. Una alternativa que te seduce, te indigna, que envidias o temes. Quizás te quite la razón, tal vez te la dé. Con argumentos. Sobre lo que importa. ¿Quién decía aquello de que la verdad consta de la suma de perspectivas? Siempre viene bien conocer la otra

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