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¿Por qué no te importó cargar con ellos cuando estaban llenos, pesaban más y ocupaban más espacio? Y, sobre todo: ¿De verdad es este tu legado, lo que quieres que perdure de ti durante siglos en nuestra tierra?

Esta mañana, como otras muchas mañanas de lunes, voy paseando con mis perros hasta un paraje natural que hay a escasos kilómetros de casa. Es un lugar precioso, considerado de interés turístico y “por desgracia” con numerosas visitas semanales. Digo “por desgracia”, así entrecomillado, porque casi todas estas mañanas encuentro toda clase de basura esparcida por el suelo. Y de nuevo siento esa desagradable sensación, mezcla de preocupación, indignación e impotencia, que me acompañará gran parte del día.

Me preocupa la falta de valores que inculcamos a nuestros hijos, me preocupa la contaminación de nuestra tierra. ¿Saben que el papel tarda un año en desaparecer, las latas 10 años, los tetrabricks 30 años, el plástico entre 150 y 300 años, y que el vidrio perdura para siempre? Me preocupa que demos tanta importancia y dediquemos horas a discutir sobre temas sobre los que poco podemos influir y, en cambio, tan poco tiempo a este tema tan importante, en el que poniendo cada uno un poco de nuestra parte todo sería diferente.

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Pablo Ruiz de Villegas
18 de octubre de 2018
En mi caso hacerme madre me convirtió en ser menos madre y más mujer sin hijos. Raro, ¿no? Me sentí culpable a ratos por sentirlo de una manera tan natural. Llegar a comprender que tengo necesidad de completarme con otras mil facetas, fue recuperar mi yo adolescente

Ha transcurrido más de un año ya y ahora es cuando empiezo a tener algo de perspectiva de la maternidad. He pasado por todos los estados de ánimo que puedan existir, simultaneándolos muchas veces. Es difícil. Es el mayor reto de mi vida.

Hoy miraba a mi hija y ella me miraba a mí. Hemos tenido un diálogo.

La maternidad. ¡Cuánto se habla de ella, cuántos hablan de ella incluso sin saber de qué hablan! Opinar es fácil y si eres mayor, mucho más. La licencia, encima, sale gratis. Creer saber qué supone ser madre te sitúa de pronto bastante más lejos de la realidad.
 La maternidad es diferente en cada mujer, eso leo por ahí todo el rato, y lo suscribo. En mi caso hacerme madre me convirtió en ser menos madre y más mujer sin hijos. Raro, ¿no? Me sentí culpable a ratos por sentirlo de una manera tan natural. Llegar a comprender que tengo necesidad de completarme con otras mil facetas, fue recuperar mi yo adolescente. Fue dejar de ser un rehén. Un rehén para una sociedad que te dice qué comer, qué hacer, qué ponerte y por supuesto, no iba a ser menos, qué sentir en cada momento. Con la maternidad no iba a haber una excepción. Todo lo contrario. Es el pretexto perfecto para sembrar polémicas, enfrentamientos y hacer negocio. El capitalismo agresivo también se encuentra detrás de esta fiscalización de los sentimientos; es bastante rentable.

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Virginia G. Prados
25 de mayo de 2017
El Real Decreto-ley de medidas urgentes de protección de consumidores en materia de cláusulas suelo ni da soluciones urgentes ni protege a todos los consumidores ni abarca todas las cláusulas suelo

Vaya por delante que no es mi intención criticar a ningún partido y que me da igual quien sea el autor del Real Decreto (RD) del que todo el mundo habla. Pero es que nos quedamos como estamos. Porque este RD no introduce nada, ni obliga a nada… Bueno sí, perdón, lo que queda claro es que el deudor hipotecario que recupere lo pagado de más tendrá que hacer sus correspondientes declaraciones complementarias. Puede que se dé el caso, y se dará, de que lo que se dedujo como amortización para el pago de su vivienda habitual, y le ‘contaba’ para tener que pagar menos a Hacienda o incluso le devolviera, ahora tenga que ajustar las cuentas.

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Ana Lebrón
23 de enero de 2017
No hacemos más que practicar el deporte nacional que no es otro que culpar a los demás de nuestros problemas y no coger el toro por los cuernos

Deberes. Vaya polémica. Qué injusticia. ¿A qué sí? Este país es así. En el momento en el que escuchamos la palabra deberes nos echamos a temblar. ¿Querrá eso decir que estamos obligados a hacer cosas? ¿No eran sólo derechos lo que teníamos?

Somos así. Sólo necesitamos que unos suecos vengan a decirnos que hacer con nuestro tiempo para montar en cólera y defender a muerte a nuestros niños.

A muerte. Claro que sí. Pobres criaturas a las que se maltrata en las aulas por esos seres privilegiados que tan sólo valen para estar de vacaciones y amargarles la vida a nuestras criaturas. Seguro que los docentes suecos no son así.

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Pablo Sánchez
13 de diciembre de 2016
Cuando me vienen con la noticia que una amiga ha tenido un niño se me viene a la mente: "¿Estará casada?". Pero me callo. Si no, ya saben que me dicen: "Abuela, tú estás muy antigua"

Hace unos días llegó mi nieto diciéndome: “Abuela, ¿por qué no escribes un artículo?”. Yo le dije que estoy muy mayor ya y que no sabría qué contar. De joven escribí algunos artículos en algunos periódicos, pero, claro, cosas de mis tiempos. Cuando me dijo que se publicaría en Internet, yo le dije que a mí eso me suena a chino. Pero él me animo y me he decido hacerlo, con la condición de que yo lo escribía y él se encargara de eso de Internet. Con casi noventa años, no se me puede pedir mucho y menos que sea moderna. Voy a empezar este artículo, aunque tengo poca confianza en su éxito, pues a mis años muchas veces no encuentro la palabra adecuada.

Lo llamaré Tiempo antiguos y modernos y procuraré hacer una comparación entre éstos.

Siempre he oído que antiguamente se tenia miedo al “qué dirán”. Por tanto, los padres no dejaban a sus hijas salir solas, siempre en compañía, y más cuando tenían novio. Era impensable salir con éste sola. Llevaban una señora de compañía a la que llamaban carabina. Y no veas el tostón que les daba la carabina. Ésta procuraba alguna veces hacerse la tonta y los dejaba que se esparciesen. Y de ahí que muchas veces salía alguna que ‘se había comido el costo antes de que tocara el pito’. El disgusto era tremendo, le hacían el ajuar rápidamente y los casaban enseguida, a ver si el niño podía pasar por sietemesino.

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Lely Ramos
27 de septiembre de 2016
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