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¿Cómo vamos a quitar de en medio a quien nos da el ejemplo de cómo se hacen las cosas? ¿Cuántos de nosotros nos cambiaríamos sin dudarlo por Berlusconi, Bárcenas, Rato…?

Recuerdo cuando hace no mucho mirábamos a Italia con cierta sorna e incredulidad. Nadie, ni en este país ni en ningún sitio, entendía que un tipo como Berlusconi, podrido hasta las entrañas, pudiera mantenerse como presidente italiano. Los escándalos lo acosaban, su imagen se deterioraba, pero seguía ganando elecciones ante el asombro de propios y extraños y manteniendo su imperial poder y dominio sobre todas y cada una de las capas del Estado italiano.

¿Qué le pasaba a los italianos? ¿Por qué eran los únicos incapaces de abrir los ojos ante semejante espectáculo?

Pues esos tiempos que despertaban asombro, como si de moda se tratara, han llegado a nuestro país. Y es que no hablamos aquí de ser de izquierdas, de derechas, de centro o de la vuelta de la esquina. De lo que se trata es de ser decentes y esa decencia está claro que la hemos enterrado bajo una capa de lodo.

La única explicación que se puede dar a la situación actual de nuestro país es que todos en mayor o menor medida somos aspirantes. Nos alejamos del esfuerzo y el trabajo que todo fin supone y nos planteamos como único objetivo alcanzar otro nivel de vida sin esfuerzo alguno. Y es por eso que nuestros políticos, a los que seguimos votando masivamente, no son nuestros enemigos sino ídolos que marcan el camino. ¿Cómo vamos a quitar de en medio a quien nos da el ejemplo de cómo se hacen las cosas? ¿Cuántos de nosotros nos cambiaríamos sin dudarlo por Berlusconi, Bárcenas, Rato…?

Los que tenemos a nuestro lado en el camino, en nuestro verdadero camino, nos importan una mierda porque no son más que piedras que entorpecen, que revocan nuestras aspiraciones, nuestras ilegítimas aspiraciones.

Es por eso que nos tragamos las mentiras que ni un niño de tres años aceptaría. Que nadie en su sano juicio aceptaría. Y, como fuimos muy dados en este país en otras épocas, nos convertimos en esa Inquisición que, basándose en falsedades y creaciones esperpénticas, quita del camino a todo aquel que molesta al que tiene el poder, a ese poder al que aspiramos.

Y luego está la otra parte de la población que sólo se altera por el fútbol y los toros. ¿Los toros? Pues contentos estarán porque el 26J bien nos pusieron los cuernos a todos. A todos.

Pablo Sánchez
7 de julio de 2016

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