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Nuestro ADN ya lleva consigo la necesidad de dominación para ser felices, por lo que cabe pensar que tan sólo una refundación del mundo podría permitir una sociedad sana

Dominación y poder. Es la obsesión de nuestra y cualquier sociedad en la historia de la humanidad. El feudalismo sigue vigente hoy en día, aunque aparezca en los libros de historia como un fenómeno del pasado, y dentro de este mundo en el que vivimos adopta muy diferentes formas.

La solidaridad es un concepto forzado, para nada realista, muy lejano a lo que nuestro mundo representa. Todos somos de alguna forma egoístas por muy altruistas que pretendamos ser. Todos tenemos un punto débil que hace imposible que nuestra sociedad avance hacia lo que sería el mundo ideal en que todos viviéramos en paz y armonía.

Nuestra sociedad es aquella descrita por el gran Aldous Huxley en Un Mundo Feliz. Una sociedad preestablecida, con unos cánones ya concebidos en base a los cuales evolucionamos, o mejor dicho, simplemente estamos.

Y estos cánones vienen siempre impuestos por los de arriba. Son al fin y al cabo los mecanismos que aseguran que la sociedad no cambie, que los que sustentan el poder no lo pierdan y que por tanto el status se mantenga.

La democracia no es más que una falsa sensación de libertad para el individuo. Es el instrumento que nos hace creer que todo puede cambiar a mejor cuando en realidad nunca lo va a hacer porque la democracia no es más que el arma más poderosa para los que sustentan el poder. Es el método más directo que los poderosos tienen para controlar a las masas, para darles esperanza.

En una sociedad corrompida como la nuestra, la democracia no es suficiente para cambiar las cosas. Hay que ir más allá, avanzar sin miedo, sin dejar a nadie atrás y teniendo claro el largo camino que se ha de recorrer para lograr una sociedad verdaderamente justa en la que cada individuo sea tenido en cuenta al mismo nivel, con las mismas opciones de desarrollarse y en la que nadie tenga que ser lacayo de nadie. Nunca la felicidad del individuo debe basarse en el sufrimiento de otros miembros de la sociedad.

Pero el condicionamiento histórico sobre el individuo es tan fuerte que hace casi imposible llevar a cabo este cambio en nuestra sociedad. Nuestro ADN ya lleva consigo la necesidad de dominación para ser felices por lo que cabe pensar que tan sólo una refundación del mundo podría permitir una sociedad sana. En definitiva, ya es hora de admitir que el ser humano ha fracasado.

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Autora: Irene Tobón

Pablo Sánchez
21 de marzo de 2016

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