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Aquí las consecuencias las seguimos sufriendo nosotros. Y no somos los que hemos robado

Llevo unos días e incluso semanas intranquilo con una duda que no me deja vivir. Echando la vista atrás pensé que nunca lo diría, pero añoro a esa señora de chaqueta verde y cara de pocos amigos, que se encajaba a cada momento en nuestro país para darle órdenes a nuestro Presidente.

Él, nada más ver su reflejo asomarse por la puerta del avión, se echaba a temblar porque sabía que tenía que ir encendiendo el plasma y comunicar las decisiones que la señora había tomado y que, naturalmente, eran un apretón de cinturón al pueblo.

Nuestro Presidente aparecía ante los medios detrás de la pantalla y, aunque le criticaban, yo le llegaba a entender. Alguien viene a darte una orden, tú sin saber lo que se cuece y encima tienes que vender la moto diciendo que es lo mejor. Eso no da lugar a preguntas ni razonamientos. Eso sí, él siempre trasmitía optimismo y esperanza.

Como decía al inicio, estoy intranquilo después de esos apretones que nos tuvimos que dar. Por ejemplo, con la reforma laboral que, según el señor del plasma, sería la panacea. Resulta que sí se crean puestos de trabajo, en eso no le puedo quitar la razón y, además, de una forma muy sencilla: se abarata el despido para evitar la sensación de acojone de si te renuevan o no y el empresario no se tiene que calentar el coco con qué contratos hacer y concadenarlos para no tener que gastarse el dinero en ponerte de patitas en la calle. Además, lo pusieron aún más fácil e inventaron los ‘minijobs’: en vez de contratar a jornada completa, se crean dos puestos de media y decimos que ya tenemos dos menos en el paro. No era mentira que se creara empleo. Los que éramos mileuristas, que sobrevivíamos y nos apretábamos el cinturón, como él decía a través del plasma, ahora pasábamos a ser dos que malviven.

Otra medida fue subir los impuestos, pero no a los que vivían bien sino a los que ya el cinturón no nos daba para más. Lo poco que podíamos ‘ahorrar’ para ir al cine, el teatro y algún afortunado a algún concierto, ya no sería posible.

También se me viene a la cabeza otra medida muy necesaria: la eliminación de la Ley de la Dependencia. La misma palabra lo dice, la percibían personas que necesitaban esa limosna para subsistir de algún drama que tenían en casa. Y no precisamente por elección, sino por cosas de la vida.

Para finalizar con este repaso que nuestro Presidente en diferido nos comunicaba y no ahondar más -y que no me afecte a la salud-, están los recortes en sanidad a los que vivimos en España. Como bien digo a los que vivimos y pagamos impuestos, porque a los que llegan de vacaciones del país donde reside la señora de la chaqueta verde no les afecta, ya que pueden seguir viniendo a operarse de la cadera gratis. Y hay que tenerlos contentos porque son los que inyectan dinero. Y no sólo eso, sino que encima vienen a beneficiarse de nuestro clima; y nosotros pagamos el ‘impuesto al sol’, impuesto por nuestro Gobierno, con el ministro Soria a la cabeza, quien ha demostrado que tampoco tenía las cuentas claras.

Después de estas pinceladas de los cambios en estos últimos años, que por cierto eran temporales, digo yo: ¿dónde está la señora de la chaqueta verde desde hace unos meses? Desde que empezaron a salir todos los casos de corrupción, me refiero. ¿Estará en un balneario como la señora Ana Botella?

Ya la empecé a echar de menos cuando saltó el tufo a quemado en el partido del señor del plasma, con casos como el de Bárcenas, el Palma Arena, la Gürtel, la Púnica, las tarjetas black, Fabra, el caso Noos, etc. Así contando por encima, unos 26. Y ella sin venir. Entre uno y otro, aparecía algún otro político o expolítico que también había metido la mano en el cajón. Y mientras nos preocupábamos de si en Venezuela tenían papel higiénico, que era mucho más importante, o de si algún político se peinaba a costa del Consistorio, que era el mayor drama.

Lo último han sido los famosos papeles de Panamá. Curiosamente, entre tantos han vuelto a salir señores ya implicados en otros delitos. Pero el que más me ha llamado la atención es el señor Mario Conde. Ya por el año 1994 le pillaron desfalcando un banco y pagó por ello, y desde que salió de chirona se convirtió en un líder de masas y le dio la vuelta a la tortilla. Prácticamente se convirtió en el nuevo Robin Hood del siglo XXI, dando clases de moral y siendo el azote de algún político. Señalo a este señor porque creo que resume la situación de este país. Sin devolver lo que robó, ha seguido viviendo como un marajá. Por lo visto, no lo tuvo que pasar muy mal encerrado porque continuó jugando con fuego hasta que se ha vuelto a quemar. Así podría seguir nombrando infinidad de nombres; y no sólo eso, también sus formas e incluso chulerías. Y la impunidad de la que disfrutan.

Ante todo este percal, y desde que se celebraron las elecciones, tenemos un Presidente (el mismo que antes) del que no sabemos si ha dejado de funcionar él o el famoso plasma. No ha vuelto a parecer y cuando intentan acercarle un micro huye. Ahora dudo si es que le sale algún tipo de urticaria por culpa del aparato.

Al fin y al cabo, todo esto es una manera de justificarme a la pregunta que he deseado hacer desde el principio: ¿señora Merkel, dónde está? Sí, la echo de menos y no sé cuál es el diagnóstico, eso ya me lo diréis, si es la desesperación o el Síndrome de Estocolmo. Pero lo que sé es que aquí las consecuencias las seguimos sufriendo nosotros. Y no somos los que hemos robado.

Vicente Cossío
3 de mayo de 2016

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