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¿Dónde esta Basora? ¿Quiénes eran esos? ¿Son moros no? Algo habrán hecho y por culpa de ellos estamos los demás como estamos

Mueren todavía. Cada vez que una bomba explota en Bagdad el pueblo muere, cada vez que lo hace en Kabul, el pueblo muere, y así en infinidad de sitios a lo largo y ancho del mundo. El pánico nos inunda cuando pensamos que podríamos ser nosotros los que hubiéramos estado en ese mercado de Kabul o en ese hospital de Bagdad o en la cantidad de muertos que se producen en cada ataque terrorista en Oriente Medio. En las familias masacradas y rotas, en los refugiados que deben huir de sus casas y dejar sus vidas…

¿O acaso no es así? ¿No debería importarnos la vida de todos y cada uno por igual? ¿No deberíamos luchar juntos en contra de todo aquel que no permite que vivamos libres en este mundo? Pues la respuesta a esto parece que debería ser que sí pero a la hora de la verdad el ser humano es hipócrita por naturaleza.

Cuando escuchamos en el telediario que ha habido 120 muertos en Basora, casi ni nos inmutamos. Nuestra indignación nos la metemos por ahí y a otra cosa. ¿Dónde esta Basora? ¿Quiénes eran esos? ¿Son moros no? Algo habrán hecho y por culpa de ellos estamos los demás como estamos.

No es solamente que no nos importen absolutamente nada los muertos de Basora sino que si nos importan los de Niza, Munich o París no es ni de lejos porque estemos en contra de todo tipo de terrorismo, porque rechacemos la violencia o porque defendamos la libertad y la vida humana por encima de todas las cosas. Es simple y llanamente porque vemos que el enemigo se nos ha colado en nuestra tan ‘avanzada’ sociedad. Que está entre nosotros. Que a base de ignorarlos, explotarlos, radicalizarlos, y también entrenarlos y financiarlos no lo olvidemos, hemos conseguido entre todos que el terror tan lejano hace poco llame a nuestra puerta. Y eso es lo que nos hace reaccionar, el miedo, no la solidaridad ni estupideces similares.

Vemos el peligro cerca. Lo palpamos y sentimos la necesidad de reaccionar ante él con una mal entendida valentía disfrazada de postureo en las redes sociales para ocultar nuestro miedo, nuestra inquietud, nuestra desazón, nuestra impotencia.

¿Qué ahora nos da miedo ir a un concierto, una celebración o una discoteca? Bienvenidos al día a día de Oriente Medio. Al día a día de aquellos que miramos como si de escoria se tratara. Al día a día de aquellos alrededor de los que construiríamos un muro para que nunca más pudieran salir. Sacrificarlos sería la idea más sensata en pos de nuestra ‘tranquilidad’. Y por eso estamos así y ellos aún peor. Porque la vida vale más o menos, tiene más o menos importancia en función de quien seas y nosotros como sociedad nos hemos preocupado de que eso se mantenga por los siglos de los siglos así como si en la Edad Media aún estuvieramos.

Somos unos hipócritas.

Pablo Sánchez
5 de septiembre de 2016

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