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Hay máxima expectación por saber qué dirá hoy en el Parlamento. Lo lógico sería pensar que tiene un pedazo de as guardado en la manga para salvar su imagen; si no lo hace, el ‘caso Canarias’ pasará a la historia como ejemplo de qué no hacer si te pillan de marrón

Zapatero le hizo la mitad del trabajo. La otra mitad fue mérito suyo, todo hay que decirlo, pero lo tenía fácil. El PSOE caía a nivel nacional –y sigue sin levantar cabeza- y el contagio regional era inevitable. Aun así, se trabajó una campaña electoral con la que, como él mismo presume, recorrió todos y cada uno de los rincones de Extremadura para ser simpático con sus paisanos, para dar imagen de campechano, para transmitir cercanía –populismo, al fin y al cabo- siguiendo el estilo de su padrino político, Miguel Celdrán, exalcalde de Badajoz (quien estuvo casi dos décadas de primer edil usando esa estrategia para ganarse la estima del pueblo).

De hecho, el actual presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, aprendió mucho en el Consistorio pacense. Fue el delfín de Celdrán y durante el verano de 2007 se rumoreó que lo estaban preparando para lanzarlo como nuevo alcalde de Badajoz. Pero al final el salto fue aún más ambicioso y fue directamente a parar a la presidencia del PP extremeño y a ser candidato para dirigir la región justo un año después.

Una vez metido en faena, su plan consistió en contratar a un experto en marketing político formado en EE UU –el famoso Iván Redondo– a quien se atribuyó directamente su éxito en las elecciones. Bueno, el éxito… Es cierto que el PP ganó por primera vez en la comunidad autónoma y echó a los socialistas del poder (llevaban casi 30 años asentados). Pero la victoria estuvo muy al límite. Sacaron 32 escaños frente a los 30 del PSOE, de manera que necesitaron los tres de IU para gobernar. Y el trío de Izquierda Unida se lanzó a los brazos del PP movido sólo y exclusivamente por su odio hacia los socialistas, a los que acusaron de ningunearlos durante las casi tres décadas de Gobierno.

Monago se convirtió en el primer presidente del PP de Extremadura, pero le costó creérselo, porque a pesar de estar ya mandando seguía haciendo el papel de meritorio, atacando continuamente a la oposición y recordando todo lo malo que los otros habían hecho. Por otra parte, su principal lema durante la campaña fue: ‘Lo primero, el empleo’. Y fue cierto, pero para los suyos. Fue mítica aquella portada de Público: ‘Monago pone en marcha su plan de empleo familiar’. Hasta 16 casos de ‘enchufismo’ fueron denunciados.

Después apostó por la imagen de verso suelto, de barón rojo del PP, ese político sin ideología y comprometido antes con Extremadura que con su partido. Y empezó a alabar públicamente a Juan Carlos Rodríguez Ibarra y a imitarlo en su relación con Madrid –a quien, por cierto, no le hizo falta ningún gurú del marketing político para jugar el papel de rebelde-, así de paso molestaba a Guillermo Fernández Vara, quien sustituyó en la presidencia de la Junta a Ibarra y ejerce ahora de portavoz de la oposición.

Entonces empezamos a conocer al Monago justiciero, el Monago sin pelos en la lengua, el Monago soberbio, y se creó muchos enemigos. Y claro, todos le tenían muchas ganas.

Y estalló el escándalo. 32 viajes a Canarias a cargo del Senado por motivos personales o privados o de diversión, llámenlos como quieran. Todavía no ha explicado, de verdad, qué labor profesional hacía en las islas. Surgen dos teorías: quienes aseguran que el chivatazo lo dio el PSOE extremeño para meter a Monago en la bolsa de los corruptos y ensuciar su imagen –lo más creíble- y quienes consideran que fue su propio partido quien quiso bajarle los humos por ser excesivamente crítico. Esa segunda opción la alimentó el propio presidente extremeño lanzando declaraciones como: “No me van a callar”.

Algunos podrán pensar que el dinero de 32 viajes a Canarias es ‘el chocolate del loro’ en comparación con la trama corrupta que invade Génova, que no es para tanto, vaya. Todo depende de si al ciudadano le gusta que le roben o no.

Pero quizás el follón no hubiera sido tal si Monago lo gestiona de otra manera. ¿Qué le ha pasado? Primero esquiva a los periodistas, lo que denota miedo y la sensación de que esconde algo. Después da una rueda de prensa surrealista en la que no responde a nada. A continuación dice que va a devolver el dinero y se pone a llorar cuando los suyos le aplauden (yo en este punto reconozco que tengo un problema: un político derramando lágrimas me produce de todo menos credibilidad, sobre todo después del papelón de Esperanza Aguirre). Y al final resulta que de devolver nada de nada cuando se da cuenta de que eso significa aceptar que es culpable (lean a Aracely R. Robustillo).

¿Qué le llega al ciudadano? Que además de irte a Canarias con su dinero te ríes de él.

¿Y ahora qué? El PSOE extremeño y todos sus afines se frotan las manos porque ven en este escándalo tan morboso casi la única oportunidad de volver a recuperar lo que creen que les pertenece casi por tradición. Algo intentaron con la fallida moción de censura, pero sólo consiguieron abrir un par de informativos.

Hay máxima expectación por saber qué dirá hoy Monago en el Parlamento. Lo lógico sería pensar que tiene un pedazo de as guardado en la manga para salvar su imagen; si no lo hace, el ‘caso Canarias’ pasará a la historia como ejemplo de qué no hacer si te pillan de marrón. ¿Será que Iván Redondo no es tan bueno como parecía?

Hubiera sido inteligente practicar el ‘lo siento me he equivocado’ de Juan Carlos I o de Rajoy y convertir la crisis en una propuesta para mejorar la transparencia del Senado. Creo que muchos nos enteramos a raíz de los viajes a Canarias que los gastos de los políticos en este órgano de gobierno no hay que justificarlos.

Esto implica, lógicamente, que hayan empezado a aparecer otros casos, como ha ocurrido con Pedro Sánchez. En esta ocasión voló a Canarias con cargo al Congreso para darse a conocer en el PSOE. Pero si la solución es sacar los trapos sucios y atacarse unos a otros, el mensaje que recibe el ciudadano es: pues es verdad, sois todos iguales. ¿Y después se preguntan por qué Podemos avanza?

A Monago se le acumulan las malas noticias, puesto que la Fiscalía de Extremadura ha abierto diligencias por sus viajes a Canarias. El único gran golpe de efecto que puede dar hoy es dimitir, siguiendo los pasos de Ana Mato.

27 de noviembre de 2014

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