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Esta vez la película la protagonizan dos mujeres ambiciosas y ansiosas de poder. Por un lado, Susana Díaz, que inicia su campaña contra Pedro Sánchez; por el otro, Esperanza Aguirre, que quiere volver a la política a pesar que dijo que para ella era algo temporal

Quítate tú para ponerme yo, luchas internas, puñaladas entre compañeros de partido y disparos con fuego amigo. Unos presumiendo de autoridad, ejerciendo la soberbia y la imposición; otros, relamiéndose por volver a mandar, por volver a recuperar lo que creen que les pertenece por herencia divina. Los unos y los otros. Y luego los oportunistas, los separatistas. Y también los palmeros, los arribistas. Todos con sed de poder. Esa es la película política de España. Y el último capítulo lo protagonizan dos mujeres: una que llega y otra que vuelve, aunque nunca se haya ido.

Por un lado tenemos a Susana Díaz, que se ha reunido con Rajoy para hablar de la deuda histórica de su comunidad y analizar proyectos en Andalucía con dinero de la UE mediante el llamado plan Juncker. Eso era la teoría, pero en el fondo su intención consistía en empezar a perfilar su imagen de líder nacional y ningunear así a Pedro Sánchez, quien se le ha ido de las manos. Díaz ha pasado de casi peinarle las cejas al jovenzuelo a poner en duda públicamente su apoyo para ir calentando motores. Hay varias teorías sobre lo que se prometieron mutuamente cuando la andaluza se volcó con Pedro Sánchez en las primarias (éste incluso cerró su campaña en Sevilla), pero ya es evidente que el acuerdo está deteriorado. Y ya se sabe, en el amor, la guerra y la política, todo vale.

Y después aparece de nuevo en escena Esperanza Aguirre. Recordemos lo que dijo en septiembre de 2012, cuando anunció que se retiraba:

Varias frases importantes: “Quise siempre que la política fuera una actividad temporal”, “Nunca he querido ser una profesional de la política”, “Quiero vivir más cerca de los míos, de mi marido, de mis hijos, de mi madre, de mis siete hermanos”. Frases pronunciadas con las lagrimillas a punto de salir y la voz encogida. Tierno, ¿verdad?

¿Y entonces ahora? Debe ser que el poder tira más que la familia, porque ahora Esperanza Aguirre se ofrece como candidata a la alcaldía de Madrid. Literalmente ha dicho que no quiere hacerse “de rogar para nada”, pero que la puesta a disposición de su partido se debe a que puede “ser de utilidad”. O lo que es lo mismo: que ella viene a arreglar lo que Ana Botella, la del ‘relaxing cup of café con leche’, ha estropeado y a dar credibilidad al PP en general, al que le sale la corrupción por todas las grietas.

Así estamos. Una que empieza a sacar seriamente la patita y otra que quiere volver a mangonear en el partido. Y un mismo objetivo: el poder. Porque la política no es vocación de servicio público en España, es ambición pura y dura. Porque tanto Díaz como Aguirre no son más que el reflejo de cómo funcionan sus partidos.

Y al otro lado, el pueblo, la ciudadanía, que sólo ve circo mediático y pocas opciones para pagar la factura de la luz.

Pues claro que sois casta.

23 de diciembre de 2014
Comentarios:
  • margarita comentó el 30 de enero de 2015 a las 1:37

No me explico como la gente está tan enterada de las motivaciones de cada cuál. Estamos en la sociedad del espectáculo, donde se exige transparencia para que todo se exhiba de un modo pornográfico. Pero nadie se compromete a nada. No se trata de la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo, que exige conocer para escandalizarse . Además, utilizando un lenguaje “extra-ordinario”.

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Una visión rayana de la vida, una manera de acercar y contar lo que existe al otro lado de frontera, cualquiera que ésta sea. Llevar el periodismo al límite, el placer de caminar por el filo de la navaja...

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