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Cada vez es más frecuente este ‘modus operandi’ de ‘la boquita cerrada’ entre los que aún no han sido arrojados al tiburón del paro

Esta profesión lleva por bandera la libertad de expresión, el control al poder y la crítica. Ya saben, aquello de ‘Sin periodismo no hay democracia’. Pero, ¡ay! En casa del herrero, autocensura por doquier. Cada vez somos más partícipes de un mundo de sálvese quien pueda.

Periodistas que juegan un deshonroso papel y lacayos del poder son algunos de los piropos que han recibido esta semana los presentadores del informativo de Antena 3. Las críticas les han llovido después de que se hiciera viral un vídeo en el que, de alguna manera, asumían que estaban siendo cómplices de la manipulación mediática.

Este es el vídeo completo:

La polémica noticia, emitida en el informativo nocturno del pasado miércoles 20 y dada por la cadena de Atresmedia como una gran exclusiva, confirmaba la relación de la CUP, Podemos y el entorno de ETA con el régimen de Nicolás Maduro.

Mientras la ‘exclusiva’ se emitía en directo, la presentadora pronunció las palabras “Nos van a dar… pero bien”, las cuales, inevitablemente, se convirtieron en #hashtag y las redes sociales ardieron.

Lo curioso es que este vídeo que pone en evidencia a Antena 3 fue emitido por la propia cadena a través de una aplicación llamada Periscope que se usa con frecuencia para enseñar qué pasa detrás de las cámaras durante el desarrollo de los informativos, con la intención de que los espectadores conozcan las entrañas de la cadena. Y tanto que las han conocido…

Más allá de la veracidad de la noticia, la politización del tema y el manejo de un medio de comunicación al antojo del poder, lo que este hecho pone sobre la mesa es qué papel han de jugar y qué responsabilidad tienen, en casos así, los periodistas, es decir, los intermediarios. Ambos presentadores han estado en el centro de la diana esta semana, pero… ¿se ha de matar al mensajero sin más?

No puedo evitar acordarme de cómo se escribió la historia de Canal Nou. Cuando los trabajadores vieron que iban a perder su empleo y que ya no había nada que conservar, entonces abrieron la boca y soltaron todo lo que se cocía en la televisión pública valenciana. Entre otras cosas, pidieron perdón por ocultar el accidente de metro en el que murieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas y que coincidió con la visita del Papa. Fue un buen gesto, pero ya saben también eso de ‘la dignidad con el fuego en la puerta de casa’.

Teniendo en cuenta que cada dos por tres hay despidos en algún medio de comunicación y que la mayoría de los nuevos empleos que se crean son cada vez más precarios, es ‘lógico’ que quien conserve el suyo no dé motivos, de ningún tipo, para ser puesto de patitas en la calle, ¿o no? El periodista Iñaki Gabilondo lo resumió en una frase: “La mayor censura es el paro”.

Está claro que en una profesión con la libertad de expresión por bandera es aún más hiriente la falta de precisamente esa libertad a la hora de trabajar, pero esto no es sólo un problema de los periodistas. ¿Acaso no callan y tragan sapos los trabajadores de cualquier sector para no perder su sueldo? Cada vez es más frecuente este ‘modus operandi’ de ‘la boquita cerrada’ entre los que aún no han sido arrojados al tiburón del paro. Y así nos va.

23 de enero de 2016
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Sobre mi blog:

Una visión rayana de la vida, una manera de acercar y contar lo que existe al otro lado de frontera, cualquiera que ésta sea. Llevar el periodismo al límite, el placer de caminar por el filo de la navaja...

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